LA COOPTACIÓN POR EL GOBIERNO


El Uruguay de hoy, como la mayoría de los países latinoamericanos y del mundo se debaten no solo en la crisis capitalista más profunda, sino que además encuentran a su clase  trabajadora y a los jóvenes en un camino sin salida.


Escribe Daniel Pereira, dirigente del
26M.
ES INTERESANTE hoy, observar detalladamente las experiencias que vive a nivel mundial la clase trabajadora, no sólo en lo que refiere a sus salarios, sus futuras jubilaciones, lo que corresponde al cuidado de su salud, sino también a sus condiciones laborales y lo que ello conlleva respecto a los extraordinarios virajes que han experimentado quienes son sus representantes.
Sin duda que estamos viviendo la más dura crisis capitalista de los últimos 50 años, es fácil hoy comprobar la ola de desocupación, caída del salario, bajas en jubilaciones y pensiones y flexibilización laboral, que meten a forcé las multinacionales, con la actitud complaciente de gobernantes sumisos a las imposiciones de los banqueros, organismos financieros internacionales y la deserción de direcciones sindicales que se pasaron al campo del explotador de los trabajadores. 
Debemos tener bien marcado ante cualquier análisis, el papel que cada dirigente sindical juega, pues es notorio que se corresponde con su filiación política partidaria. Con su militancia partidaria. Por lo tanto no es casualidad el papel del dirigente sindical y los intereses políticos partidarios que defiende.
Es equivocado no razonar así, pensemos, que hacen los dirigentes sindicales en su gran mayoría pertenecientes al peronismo en la Argentina?. Lo mismo pasa en Brasil con las direcciones sindicales mayoritarias y su identidad con el PT de Lula ayer, y hoy con Dilma, Rousseff, es lo mismo con el PIT del Uruguay, orientado por Juan Castillo del PC y Fernando Pereira de Asamblea Uruguay entre otros.
La identidad partidaria no es mala en si misma, no se debe criticar porque si, todo ser humano debe tener su partido y militar en él. Lo malo, lo que debemos denunciar y demoler, es que las direcciones sindicales en vez de defender a los trabajadores, sus intereses y sus necesidades, terminan apoyando a su partido, en estos casos en el gobierno y sus medidas que son contra los intereses de los trabajadores.
No es difícil pensar así, razonar así, sólo que la cabeza de los trabajadores uruguayos en este caso no ha identificado claramente el papel de la gran mayoría de la dirección sindical, ha favor de los intereses de las multinacionales y los requerimientos de los organismos financieros internacionales. La desideologización, la despolitización y la falta de participación ponen a los trabajadores en la boca sedienta de las hambrientas y sedientas multinacionales.
Los sindicatos post caída del socialismo, se han debatido en un proceso intenso, entre neoliberalismo y reestructuración productiva. Flexibilización, desregulación, tercerización, nuevas formas de gestión de la fuerza de trabajo, etc., se tornaron plagas permanentes. 
En el apogeo de la era de la tarjeta plástica, del avance técnico-científico-informacional, del mundo digital donde tiempo y espacio se convulsionan, podemos decir que los países latinoamericanos en general, vivieron transformaciones intensas, profundas. 
El mundo del trabajo cambio abruptamente, y la informalidad, la precarización y el desempleo se ampliaron rápidamente. En beneficio de las multinacionales y en contra de la soberanía del país y de los intereses de los trabajadores. 
Esta nueva realidad fue ganando espacio en el sindicalismo, que se encontraba, ante la aparición de un sindicalismo neoliberal que sintonizaba con la onda mundial conservadora, pero que cubría espacios y mantenía adeptos al grito de unidad. La política de “convenios”, “apoyos financieros”, “asociaciones” con el sindicalismo socialdemócrata, especialmente europeo, acabó pudriendo al sindicalismo clasista, que tenía poca convicción y nula decisión de clase.
El Uruguay de hoy, como la mayoría de los países latinoamericanos y del mundo se debaten no solo en la crisis capitalista más profunda, sino que además encuentran a su clase  trabajadora y a los jóvenes en un camino sin salida.
La política de sumisión al imperio y a las multinacionales camina a paso firme por la cabeza de los dirigentes del PIT en el Uruguay y la ley sagrada de su accionar, es que gane el FA sin
importarle la clase trabajadora, así estos burócratas mantiene su poder y sus privilegios.
La clase obrera uruguaya, parte de la clase obrera explotada en el mundo encontrará su camina de libertad y dignidad, sólo con unidad y la movilización, antiimperialista y antiburocrática. 
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