LENIN, NACIDO EN ABRIL
 
Por Gonzalo Abella*
 
“Me encontré por primera vez con Lenin en diciembre de 1905 en la conferencia de Tammerfors (…) Me lo representaba como un gigante majestuoso. Muy grande fue mi decepción cuando ví un hombre completamente sencillo, de estatura algo menos que mediana y que no se diferenciaba en nada de los demás mortales (…) Lenin había llegado antes que los delegados y en la reunión proseguía, sin afectación alguna, la más corriente de las conversaciones con los delgados más sencillos de la conferencia. Sólo más tarde comprendí que aquella sencillez y modestia era uno de los rasgos más fuertes de Lenin, como nuevo jefe de masas nuevas, de las sencilla y corrientes masas de las capas más bajas y profundas de la Humanidad ” (J.V. Djugashvili-Stalin)
Lenin tenía por entonces 35 años. Dirigente de la tendencia clasista (bolchevique) en el seno del Partido, doce años después le correspondería dirigir la revolución de Octubre, encabezar el gobierno obrero y campesino, enfrentar la guerra civil y establecer las premisas para la construcción del socialismo en un puñado de repúblicas europeas y asiáticas “asociadas a la Gran Rusia” como diría el Himno Soviético décadas después.
Mao, Kim Il Sung, el Che Guevara, Fidel Castro, Stalin, Mariátegui, Marulanda, Farabundo Martí, Pablo Neruda, Siqueiros, Diego Rivera, Frida Kahlo, Nicolás Guillén, Dimitrov, Thaelman, Prestes, Ho Chi Minh, Tina Modotti, John Reed, Agostinho Neto, a su manera cada uno, se definieron como seguidores de Lenin.
¿Qué aportó Lenin a la teoría marxista?
En el plano político estudió la nueva fase que vivía el capitalismo con el surgimiento de los grandes monopolios (los abuelos de las trasnacionales), la exportación de capitales y el reparto de zonas de influencia entre las superpotencias, que serían fuente de nuevos conflictos y guerras cada vez más internacionales. Explicó las causas económicas y sociales del surgimiento del oportunismo y las tendencias reformistas en el movimiento obrero y sus cúpulas acomodadas, y por qué el oportunismo se introduce en algunos partidos obreros y populares.
Luchó incansablemente por el internacionalismo y por impedir que los obreros fueran carne de cañón en las guerras entre estados imperialistas. Definió como “guerras justas” aquellas en las que se lucha por la liberación nacional, por la autodeterminación de los pueblos y por la emancipación social. Desde su libro “El desarrollo del capitalismo en Rusia” pasando por “El imperialismo, fase superior del capitalismo” hasta “La revolución proletaria y el renegado Katuski” y “La enfermedad infantil…”, pasando por innumerables artículos y cartas, hizo aportes extraordinarios, únicos en este ámbito. 
En el plano filosófico definió el estado y las clases sociales, y enfrentó las corrientes revisionistas que acompañaban la claudicación políticas en el seno de los partidos obreros.  La traición se revestía de un lenguaje difícil, que buscaba ser incomprensible en su verdadero sentido para las mayorías. El relativismo filosófico, que pretendía basarse en la Teoría de la Relatividad de Einstein, se usaba como fundamento de un relativismo político que justificaba todas las claudicaciones. En “El estado y la Revolución”, en “Cuadernos filosóficos” y en “Materialismo y empirocriticismo” Lenin define categorías conceptuales tales como el Estado y categorías filosóficas como el concepto de materia. 
Según él, la materia no es solamente “la masa” congregada en partículas atómicas y subatómicas sino “toda la realidad objetiva que existe fuera de nosotros, la conozcamos o no”.
En el plano económico Lenin fue primero un gran teórico, pero después de la Revolución de Octubre de 1917 debió resolver acuciantes problemas prácticos vinculados con la construcción del socialismo en un solo e inmenso país, con regiones muy atrasadas, y en el marco de una economía mundial que siguió siendo predominantemente capitalista.
Muchos decían que no podía edificarse el socialismo en esas condiciones y con una clase obrera mucho más analfabeta que en Alemania o Inglaterra.
Lenin reconocía que Rusia no partía de las condiciones económicas ideales para edificar el socialismo, incluyendo la carencia de mano de obra calificada; pero insistía que el gobierno obrero y campesino crearía las condiciones políticas para ese desarrollo cultural y económico necesario, aunque empezando desde tareas más elementales. 
Ante la guerra civil y la agresión extranjera, impulsó una política de violenta expropiación que llamó “Comunismo de Guerra”; pero derrotada la intervención extranjera y sus cómplices locales, el gobierno de Lenin hizo convenios temporales con capitalistas extranjeros, permitiéndoles incluso la explotación de mano de obra a término, mientras aceleraba la formación de cuadros, la estructura “soviética” del poder popular, el Ejército
Rojo y la Inspección Obrero-Campesina. A este repliegue económico se le llamó “Nueva Política Económica” (NEP) y Lenin afirmó: “de la Rusia de la NEP saldrá la Rusia socialista”. 
En el plano de la organización política Lenin resolvió genialmente el diseño del “partido de nuevo tipo”: que no debía ser ni un grupo terrorista, ni una bancada parlamentaria con apéndice divagante. La distribución de un periódico clandestino para toda Rusia fue clave en la creación de ese partido de nuevo tipo. 
Su célebre frase “el periódico no es solo el difusor colectivo sino además es el organizador colectivo”, que impulsó la difusión de la “vieja” Iskra, y luego de “Krásnaia Zvezdá”, encabezó en un letrero luminoso el edificio de la redacción de “Pravda” en los años heroicos de la construcción    del país de los soviets.
El partido bolchevique combinaba el trabajo político entre los trabajadores con la preparación para sobrevivir aún en las más duras condiciones de represión o como conductor de insurrecciones populares. 
A la vez cuidaba que todas las voces de sus militantes se oyeran en su seno, que hubiera una actitud fraterna y democrática, pero que cuando se tomaran decisiones estratégicas por mayoría no hubiera sitio para fracciones disidentes. 
Tampoco descuidaba la formación política de sus integrantes. Desde “Qué hacer” hasta “Carta a un camarada sobre cuestiones de organización”, pasando por la indignada denuncia a los mencheviques en “Un paso adelante, dos pasos atrás”, siguió opinando y proponiendo hasta en los escritos que dictó en su lecho de muerte. 
Seguramente me olvido de muchas cosas; pero Volodia, aquel niño ruso tártaro de ojos rasgados que nació en Simbirsk, el 22 de abril de 1870; que fue bautizado como Vladímir Ilich Uliánov, y que luego de su deportación a orillas del majestuoso río Lena siberiano, fue conocido como Lenin, sigue siendo la guía esencial para muchos de nosotros, inspirando caminos insurrectos
en el siglo XXI.
 
* Profesor e Investigador. Integrante del Coordinador de A.P.
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