EL IMPERIALISMO, LAS DROGAS Y EL GOBIERNO DEL FRENTE AMPLIO A LA DERIVA

“Este artículo intenta tomar postura, responder y evidenciar el carácter inhumano del modo de producción capitalista, además de poner de manifiesto la estrecha relación del imperialismo no solo como sustento importante de dicho sistema  sino como manipulador de la clase obrera y de los jóvenes.”


Escribe Facundo Cartagena
J26M

A pesar de la cobertura mediática y tergiversada que realizan los medios masivos de comunicación a partir del anuncio del gobierno de vender cigarrillos de marihuana y de regular su venta, nosotros como militantes y estudiantes revolucionarios debemos tomar postura y estar a la altura de las circunstancias sabiendo que en este caso todavía (y por ahora) somos minoría.
Consideramos importante destacar tres puntos que nos permite dar nuestra opinión y a la vez distinguir las artimañas del gobierno para ocultar los problemas reales y constatables de nuestra sociedad.
En primer lugar es de orden exclamar con firmeza y reiterar nuestro más absoluto rechazo a la legalización de cualquier tipo de droga. Entendemos que el problema de la drogadicción y del consumo abusivo de las mismas en el Uruguay no se resuelve colocando al Estado como regulador del comercio de estupefacientes. Creemos que de este modo el gobierno fomenta el consumo, lo  “desmitifica”, con esta medida crecerá el consumo  y por lo tanto no estará siendo responsable de sus actos ni tampoco estará velando por la salud de los ciudadanos del país.
En segunda instancia pensamos que el gobierno intenta evadir las críticas y los lamentables resultados de su política, y por eso de forma espontánea e improvisada lanza la “iniciativa” de legalizar la venta de marihuana. Además con este anuncio pretenden retener en sus filas al sector más descontento con su gestión y que ahora observa un supuesto avance o logro cuando se impulsa este tipo de medida. Lamentable cortina de humo para despistar y seguir engañando al pueblo. A esto se le suma el desastre de las privatizaciones como la de la Pluna, AFE y la mismísima ley de PPP que administra la Corporación Nacional para el Desarrollo. Y aún más, la crisis económica que golpea la capacidad adquisitiva de los trabajadores, una crisis que frena las exportaciones y genera mayor desempleo. La crisis interna del Frente Amplio producto de la paupérrima votación en las internas que mostró el descenso de 50000 votos hasta donde nos permiten saber. Todos estos hechos y muchos más le quieren ocultar al pueblo.
Y como tercer punto consideramos que esta medida tampoco es obra de la divina casualidad. La legalización  de la droga apunta a los jóvenes, sobretodo. Mujica y el Frente Amplio no solucionan los problemas de la juventud como puede ser, facilidades para estudiar, vivienda y trabajo digno y un futuro próspero para poder desarrollarse como persona y como integrante de una sociedad. Sin embargo el Frente Amplio le ofrece marihuana para consumir, tal parece una acertada manera de erradicar las injusticias sociales, ejemplo que demuestra una vez más la degradación ideológica, moral y ética de la fuerza política que nos gobierna.
¿Quién introdujo la moda detestable del consumo excesivo de drogas en nuestra América Latina? ¿Con que propósitos? Seguidamente haremos hincapié en la relación indisoluble entre el colonialismo del siglo XVI, el posterior desarrollo del imperialismo con la proliferación de la droga como escoria de la sociedad en la actualidad. Independientemente del análisis a nivel sanitario y el daño que las drogas ocasionan al organismo de los seres humanos queremos aquí darle un vistazo al papel social y político de las drogas.  Es ineludible profundizar en los conocimientos teóricos para comprender los fenómenos sociales y los problemas sociales que hoy abundan, así como conocer sus orígenes elemento que nos permitirá dilucidar cuál es la causa de estos fenómenos sociales  y quiénes son los responsables de esta situación. De este modo nos remitiremos al materialismo histórico, el conocimiento científico que nos permite comprender los fenómenos sociales.  
Las drogas y el alcohol desde la antigüedad estuvieron relacionados con determinadas prácticas médicas y religiosas. Pero sin embargo no existían alcohólicos ni adictos. Por estas épocas el consumo de las drogas nunca había constituido un problema ni individual ni de índole social. La producción masiva de drogas ocurre a partir de la Revolución Industrial, primero se permite de forma masiva la destilación de alcoholes para producir aguardientes y licores  y luego la elaboración de extractos de las drogas vegetales (el opio se convierte en morfina y heroína a partir del siglo XIX, la hoja de coca en cocaína a comienzos del siglo XX).  Cuando la droga se comienza a utilizar fuera del marco religioso y cultural y además se reproduce multitudinariamente de forma inevitable se transforma en una mercancía.  En el siglo XVI con la invasión de los colonizadores españoles en América difundieron la cultura occidental e insertaron una manera de utilizar las drogas que nada tenía que ver con los rituales religiosos o medicinales. El colonialismo inculcó el consumo excesivo de estupefacientes entre las clases dominantes y de forma especial también lo hicieron los intelectuales, artistas, poetas, músicos y escritores quienes enfocaron su ingesta en la dispersión o simplemente de forma lúdica. Junto a la expansión del comercio marítimo que constituía el café, té, tabaco y cacao, se comercializó jarabes, refrescos, bebidas estimulantes o sedantes. Este nuevo comercio de drogas y de otras mercancías nuevas que los colonialistas impulsaron formó parte de la acumulación de capital. El transporte se abarató permitiendo un acceso fácil y cómodo a un consumo mucho más abundante y más variado. Este proceso coincide con la pérdida de influencia que la Iglesia fue perdiendo en la sociedad y fue necesario estimular la alienación por otros rumbos. 
También los invasores colonialistas  sometieron  a los pueblos originarios y aborígenes con el uso de drogas y así perpetuó la exterminación de estas naciones. Y aquí en Uruguay basta recordar cómo tiempo después en 1831 Fructuoso Rivera exterminó a los charrúas luego de haberlos emborrachado criminalmente, en la recordada matanza de Salsipuedes.  Este fenómeno también fue aplicado por los colonizadores blancos contra los indígenas en los Estados Unidos. En la actualidad las tribus amazónicas del Brasil son asediadas por los narcotraficantes, les venden marihuana y cocaína, mientras preocupa el consumo de alcohol entre los aborígenes lo que ha significado la disolución de varias familias y el crecimiento de la violencia familiar. Un método lamentablemente eficaz que descompone el tejido social de esas comunidades, que comprende la pérdida de su cultura, valores y tradiciones, mientras lo aproxima cada vez más a los modales  nauseabundos de la sociedad burguesa en decadencia absoluta.   La expansión colonialista no solo perjudicó a nuestra América, en Asia por ejemplo el opio era conocido desde tiempos ancestrales pero nunca había constituido un consumo desmedido y adictivo. A mediados del siglo XVIII Inglaterra había hecho del té un exitoso negocio  y el opio seguía el mismo camino. De este modo los británicos forzaron la exportación de opio desde la India a China, ya que se habían generado poderosos intereses económicos en torno a la comercialización de la droga mencionada. En 1883 el opio representaba la mitad de las exportaciones británicas a China, introducido de contrabando en las costas por barcos protegidos por la Armada Británica. Con el comercio del opio aumentó el mercado negro, la especulación, la piratería y el contrabando, fenómenos perfectamente constatables hoy en día en sus diversas formas. Más tarde se prohibió el mercado del opio pero no para restringir su consumo sino para promoverlo aun más.
Luego de hacer un breve repaso de la proliferación de la droga, tras el período de colonialismo y la expansión imperialista, encararemos la situación de la clase obrera y de la juventud obrera vinculado con el consumo de drogas. La comprensión de todas las injusticias, miserias y penosas condiciones de existencia de millones de personas tienen una sola causa, el capitalismo. “La acumulación de riqueza en un polo es al propio tiempo acumulación de miseria, tormentos de trabajo, esclavitud, ignorancia, embrutecimiento y degradación moral en el polo opuesto” (De la “Ley general, absoluta, de la acumulación del capitalismo”, en el libro Primero de El Capital. Carlos Marx). Frase que sintetiza la desigualdad que genera el sistema capitalista y que condena indefectiblemente a los trabajadores, a sus hijos y al pueblo en general. La sociedad feudal patriarcal por ejemplo fue desarticulada con la incorporación de la mujer al trabajo lo cual supuso el abandono de los hijos en la vivienda, los infanticidios al nacer por malos tratos o por hambre, los drogaban con opio o lo subastaban al patrón. Esta triste realidad se manifestó en el aumento de la mortalidad infantil y la drástica reducción de la esperanza de vida. La marginación, la pobreza y la incertidumbre de la vida misma bajo la dictadura del capital completa un cuadro complejo para la mayoría de los humanos, en la sociedad feudal tampoco  impidió estos flagelos y otros derivados. 
Mientras tanto cuando nos referimos a las adicciones en las ciudades debemos aproximarnos a la explicación del fenómeno de alienación, producto genuino de la explotación capitalista emanada de la división del trabajo e impuesta por el propio modo de vida urbana burguesa. En cuanto a la división del trabajo el capitalismo rompió con los modos de trabajo comunitario tradicional y lo transformó en individualismo,  egoísmo y la lucha por la supervivencia, junto con esto la falta de esperanza, el desarraigo y la soledad motivada por el aislamiento son el caldo de cultivo perfecto para intentar evadir la realidad a través del consumo de drogas. La realidad que viven los trabajadores se muestra como inamovible, imposible de modificar y se crea una tendencia de supuesta “liberación” cuando se consumen estupefacientes, para “escapar” del status quo. Pero claro, el individuo se siente libre pero en verdad no lo es, por el contrario es una víctima del sistema capitalista y todavía preso del consumo adictivo lo cual promueve una actitud indiferente y sumisa ante las posibilidades de cambio de su vida. Parte de lo expuesto podemos complementarlo con unas citas de Marx donde explica el fenómeno de enajenación del trabajo, “(…)el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser, en que su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador solo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. (…) Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo.”
Corresponde aclarar que este artículo intenta tomar postura, responder y evidenciar el carácter inhumano del modo de producción capitalista, además de poner de manifiesto la estrecha relación del imperialismo no solo como sustento importante de dicho sistema  sino como manipulador de la clase obrera y de los jóvenes. La burguesía apátrida de nuestro país y sus fieles defensores de sus intereses como el Frente Amplio en alianza con la derecha prefieren jóvenes preocupados por plantar, desmorrugar y fumar marihuana que cuestionándose cuáles son las causas de la violencia en la sociedad uruguaya, de la miseria, de la pobreza, de los carritos en la calle y de la gente comiendo de la basura para poder sobrevivir. Tampoco les conviene que los jóvenes sean consientes de la entrega por parte del gobierno de Mujica de los postulados históricos obtenidos con sangre y lucha de nuestro pueblo en el plano de la Educación. Con esta política nos intentan domesticar con el único objetivo de condenar el futuro del país y convertirnos completamente en colonia del imperialismo. Por eso, para enfrentar al gobierno y sus cómplices dentro del movimiento sindical tenemos que responderle con organización, conciencia y lucha, todo lo contrario a los que nos proponen.  
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