¿VOLVERÁN A VOTAR A ESTE HOMBRE LOS FRENTEAMPLISTAS?

TABARÉ VÁZQUEZ CADA VEZ MÁS A LA DERECHA

Quiere a Brasil como líder regional para intentar un relacionamiento de igual a igual  con Norteamérica, que incluya a Cuba: “Ya es tiempo de dejar de pasarnos cuentas”
Tabaré Vázquez propone explorar una “agenda común” entre EEUU y América Latina; observa un “cambio” en la actitud de Washington
Recogemos esta información de una entrevista publicada en el semanario Búsqueda.
Dice la mencionada publicación que en el Frente Amplio, que lidera con cierta comodidad las encuestas para las elecciones nacionales de octubre, noviembre de 2014, la mayoría de sus dirigentes y simpatizantes descuenta que Tabaré Vázquez será el candidato presidencial.
El ex presidente, que no termina de confirmar ese deseo compartido por sus seguidores, está, sin embargo, incursionando cada vez con mayor frecuencia en el debate político interno y proyecta, “a titulo personal” escenarios nacionales y regionales como si ya tuviera la decisión tomada.
Vázquez aspira a que Brasil asuma el liderazgo de América del Sur, visualiza cambios en Estados Unidos que permitirían un “nuevo reracionamiento” con la mayor potencia del mundo y dice que Latinoamérica es la región del mundo con mayor vocación integracionista y, a la vez, la más ineficiente para concretarla.
El dirigente político con mayor popularidad en el país sostiene que el Estado uruguayo está tan “cargado, pesado y burocrático” que “no se lleva muy bien con un país productivo”, afirma que los empresarios nacionales esperan “mucho del Estado”, admite que aunque Uruguay es el país latinoamericano que mejor distribuye la riqueza, es peor que la peor nación europea en la materia y llama a “tener cuidado con creer que en la economía, estamos inmunizados, que la bonanza será eterna y que el futuro está asegurado”.
Aunque reconoce la justicia de las criticas que se le hacían en el pasado a Estados Unidos por su comportamiento “imperialista” y “avasallante”, Vázquez cree que eso “está cambiando” y pregunta: “¿lo criticamos por criticarlo o lo criticamos porque queríamos que cambiara de actitud? Entonces, si criticamos para que cambie de actitud y Estados Unidos cambia de actitud, puede haber la posibilidad de un nuevo relacionamiento”.
“Ya es tiempo de dejar de pasamos cuentas” y en cambio, es momento de pensar en “una agenda común” para América Latina y Washington, “no para que Estados Unidos sea el gendarme, sino para construir un relacionamiento de igual a igual” y con la inclusión de Cuba, dijo Vázquez durante una extensa entrevista con Búsqueda.
El liderazgo de Brasil
–  En una disertación que realizó el 31 de mayo en Washington, en el Woodrow Wilson Center, usted dijo que existe la posibilidad de un nuevo relacionamiento entre ese país y América Latina. ¿En qué basa esa idea?
– Me gustaría dejar claro que todo lo que le voy a decir es a título exclusivamente personal. Yendo  a su pregunta, para hablar de un nuevo y posible relacionamiento entre América Latina y los Estados Unidos, hay que vincularlo con el nuevo relacionamiento que tiene que haber en América Latina o, por lo menos, en América del Sur. Si hablamos de ir a un relacionamiento global, no podemos llegar desintegrados o en medio de un archipiélago de países latinoamericanos.
– ¿Qué debería ocurrir entonces para que la integración latinoamericana algún día se concrete efectivamente?
– Se precisa “gobernanza” y se precisa liderazgo. Yo creo que Brasil tiene que desempeñar ese liderazgo en América del Sur. ¿Cómo Brasil puede desempeñar asa papel? Brasil, primero, tiene que decidir soberanamente si quiere desempeñar o no ese liderazgo. Pero Brasil tiene casi la mitad del territorio sudamericano, linda con 10 de los 12 países sudamericanos y tiene un peso demográfico y productivo que representa el 50% de toda América del Sur. Entonces, es más que obvio que debe liderar el proceso de integración regional. ¿Cómo lo hace? En base a un sistema de “gobernanza” que no supone la existencia de un gendarme que mande sino de una nación que, por su importancia relativa, lidera la integración en acuerdo con los demás países y asume responsabilidades mucho más fuertes que las que puedan asignárseles a naciones como Paraguay, Bolivia o Uruguay. Y no se trata de armar un esquema de integración para administrar conflictos y nada más. No. Ese esquema tiene que aplicar acciones concretas para mejorar la calidad de vida de los sudamericanos y atender sus asuntos cruciales.
-¿Y usted lo ve a Brasil cumpliendo ese papel que a usted le gustaría que cumpliera?
-¿Usted sabe lo que dice la Constitución de Brasil? En el artículo cuarto del título uno, se lee: “La República Federativa de Brasil buscará la integración económica, política, social y cultural de los pueblos de América Latina promoviendo la formación de una Comunidad Latinoamericana de Naciones”. Textual. Basta observar el mapa o repasar algunos datos estadísticos para constatar que Brasil no tiene otra opción que hacer eso. Es parte de su proyecto nacional y le resulta clave para su proyección como actor global en el escenario mundial. Pero una cosa es “promover” y otra cosa es “liderar”. En el Mercosur, Brasil ha tenido obstáculos y dificultades para ejercer un liderazgo consistente. Recordemos: si nuestra “gobernanza” hubiera funcionado adecuadamente, si hubiésemos resuelto en el ámbito regional el diferendo entre
Argentina y Uruguay por la instalación de plantas de celulosa en la margen oriental del río Uruguay, no hubiésemos tenido que recurrir a la gestión facilitadora de un rey y jefe de Estado europeo, ni a la Corte Internacional de La Haya para dilucidar el caso. El laudo arbitral de los organismos competentes del Mercosur fue ignorado. Si hubiera una “gobernanza” compartida y un liderazgo. Esto se resolvía acá. Pero Brasil tiene que ejercer el liderazgo. Y eso es algo que le compete resolver  soberanamente a Brasil y a nadie más.
– Ahora, ¿no existe ya la integración en América del Sur? Hay numerosos organismos, muchos de ellos propuestos por Brasil en sus inicios, cuyo propósito es la integración de América Latina, especialmente en América del Sur. Está el Mercosur, la Comunidad Andina, la Aladi, la Unasur, el Celac y muchos más. ¿Usted cree que, a pesar de esto, América del Sur no tiene una integración real?
– No, no la tiene. En los procesos de integración todavía falta mucha política de alto nivel y de relacionamiento entre los gobiernos. Conversamos y no dialogamos. Hay muchos planes de integración donde todo parece estupendo y después, cuando hay que bajar a tierra y aplicar esos planes, se concreta muy poco. La política es también gestionar y llevar a la práctica los acuerdos que se escriben. En otras palabras: no hay región en el mundo como Latinoamérica que tenga mayor vocación integracionista. Al mismo tiempo, no hay región en el mundo que sea más ineficiente para concretar la integración. Dicho sea de paso, queremos tener a Paraguay nueva y plenamente integrado a los ámbitos regionales. Aislar no es bueno y aislarse tampoco.
Los déficit de Uruguay y América Latina
– Los Estados en América Latina arrastran atrasos, que usted ha marcado. ¿Cuáles son?
– Miremos al sector público en Uruguay: todavía no logró adaptar el Estado al modelo de país. Tenemos un Estado cargado, pesado y burocrático que no se lleva muy bien con un país productivo en los tiempos modernos. Tiene que moverse más rápido y más ágilmente. Fíjese que en los últimos años ha crecido enormemente la inversión extranjera, la producción, los puertos están desbordados, hay muchísimos más camiones corriendo por las carreteras y no tenemos ferrocarril ni nuevas carreteras. Tenemos una debilidad en materia de infraestructuras. Y tomo como referencia a Uruguay, pero este es un problema que se extiende por toda América Latina. Solo hay que ver los problemas que enfrenta ahora mismo Brasil para organizar el Mundial de fútbol. No existe una carretera que una el Pacífico con el Atlántico, por ejemplo. Pero también hay debilidades en el sector privado latinoamericano.
– ¿Puede ser más específico en esto último?
– Yo veo en Uruguay y, quizás, también esto se pueda extender a toda América Latina,  que el sector privado espera mucho del Estado. Cuando al sector privado le va bien, el Estado tiene que ser chiquito, pequeñito y casi inexistente. Ahora, cuando le va mal, es el Estado el que tiene que llegar en auxilio para sacar al sector privado de una situación difícil. Pero el que invierte en el sector privado tiene que evaluar los riesgos que se dispone a correr. Cuando gana, gana; y cuando pierde, pierde. Esas son las reglas de juego del sistema capitalista.
– Cuando usted habló en mayo en Washington, dijo que en la región “subsiste un preocupante desfase entre crecimiento económico y cohesión social” pues “aún hay muchos seres humanos en condición de pobreza, indigencia y desamparo” y “falta educación y empleo para muchos jóvenes”. ¿Por qué subsiste ese “desfase” después de una década de inédita bonanza económica?
– Porque se distribuye mal la riqueza.
–  ¿Usted tiene alguna idea acerca de cómo distribuir mejor la riqueza?
– Con mucha humildad y sin creerme el dueño de la verdad, en mi opinión hay tres herramientas fundamentales para distribuir mejor la riqueza: 1) políticas públicas serias, bien preparadas, que sean aplicables y realizables, que sean controladas y medidas por resultados; 2) políticas fiscales o impositivas. A mi juicio, es bien cierto que el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF) ayuda a distribuir mejor la riqueza. Pero no es suficiente. Si usted invierte en educación, que es una política pública, ahí está haciendo una verdadera redistribución de la riqueza. Porque distribuir la riqueza mejor no es solo repartir plata sino dar oportunidades, descubrir, estimular y desarrollar la inteligencia y conseguir una correcta atención en salud para toda la población; 3) políticas transitorias y medidas de asistencia para los sectores más vulnerables.
También con programas específicos; no es cuestión de decir “te doy la plata y hace lo que quieras”. No. Tiene que haber contrapartidas del beneficiario, como las que había en el modelo que desarrollamos en Las Láminas, Bella Unión. Allí había una mortalidad infantil alarmante 53 por mil, y cuando terminó nuestro gobierno había bajado a 13 por mil. Era un desastre igual, pero logramos bajar ese índice sustancialmente. Eso fue posible no por un milagro, sino por la aplicación de un modelo de asistencia médica, sociológica y humanitaria a las madres, la enorme mayoría de las cuales eran adolescentes: tenían sus hijos y se criaban ellas junto con sus hijos. Los embarazos empezaron a ser controlados durante el primer trimestre, durante el segundo trimestre y durante el tercer trimestre, se les proporcionó la medicación necesaria, se atendieron los problemas que podían tener en cuanto a su aparato reproductor, hubo un ginecólogo que atendió los partos, un perinatólogo que atendía a los niños, los niños fueron vacunados, en fin: todo un programa integrado. Y en cinco años se dieron esos resultados.
– La mala distribución de la riqueza aplica para América Latina en general, pero ¿también para Uruguay?
América Latina es la región del mundo donde peor se distribuye la riqueza. Es verdad que Uruguay es el país que la distribuye mejor pero, aún así, Uruguay distribuye su riqueza peor que el país que distribuye peor su riqueza en Europa.
– ¿Y el  Ministerio de Desarrollo Social (Mides), creado por su gobierno, no hizo eso? ¿El modelo de Las Láminas que usted menciona no ha sido replicado en general?
– Se han hecho algunos intentos. Rescato hechos como la alfabetización de ciudadanos mayores que no sabían leer ni escribir en el país de José Pedro Várela. También la capacitación cada vez mayor de los trabajadores, que es otro tema crucial para la mejor distribución de la riqueza. Porque eso les sirve para lograr mejores condiciones de trabajo, pero también para mejorar la productividad. En el corto plazo, como dice algún Premio Nobel de Economía, la productividad es importante. Pero en el, largo plazo, para los países la productividad es todo. Y América Latina carga todavía lastres en materia de clima empresarial, productividad y competitividad. En resumen: creo que esas que he mencionado son las formas de distribuir la riqueza. No se trata de agarrar plata, decir “toma cinco pesos para vos y diez pesos para el otro” y ya está. No es así.
– A propósito, ¿cómo evalúa la situación económica después de 10 años de crecimiento?
– La veo bien, se ha hecho mucho en este período y los latinoamericanos están mejor que hace una década. Pero hay que tener cuidado con creer que estamos inmunizados, que la bonanza será eterna y que el futuro está asegurado. Vivimos en un contexto internacional que, lamentablemente, tiende a complicarse aún más. Y si no tomamos conciencia de eso, si no administramos el presente con pensamiento estratégico, tendremos cada vez más y mayores problemas.
– Usted ha sostenido que, en América Latina, los “indígenas” y los “afroamericanos” son discriminados, y que “hay intolerancia, violencia y criminalidad”. En Uruguay no hay indígenas pero sí personas de piel negra. También hay intolerancia, violencia y criminalidad. ¿Usted atribuye eso solo al “desfase” económico del cual habló antes o cree que hay otros factores que inciden?
– Es un problema multifactorial, incluyendo lo que analizamos antes. Lamentablemente, el racismo existe. Y también existe en Uruguay. Lamentablemente. Eso no tiene que ver con déficits económicos o sociales; es una actitud cultural lo que está en juego. Y lo que también está en juego para que todo esto subsista es una concepción de relacionamiento social egoísta. Frases como “no te metas”, “hace la tuya”, “esto no lo cambia nadie” o “arréglate como puedas” están desgraciadamente enraizadas en nuestro país pero también a nivel mundial. Hay, insisto, una concepción cultural egoísta e individualista que predomina y eso contribuye a que existan estos fenómenos. ¡Todavía hay gente que dice que la pobreza tiene que existir! En este mismo país se utilizó ese concepto para pagar salarios indignos, hacer trabajar a la gente más horas que las que debían, en condiciones infrahumanas y con una cantidad enorme de desocupados. Y si alguno de los que tenían trabajo protestaban, se le decía que no había problema con echarlo porque afuera había cien que querían ocupar ese puesto de trabajo.
La relación con Estados Unidos
– En su presentación ante el Woodrow Wilson Center, usted reclamó que América Latina deje de estar “siempre bajo sospecha”. ¿Quién tiene “bajo sospecha” a la región?
Estados Unidos tuvo, en el pasado, siempre bajo sospecha a América Latina. Para los norteamericanos, o éramos el “patio trasero”, o un “terreno baldío”, o un “campo ajeno”. Cuando no les generábamos problemas, los Estados Unidos se olvidaban de América Latina. Y solo se acordaban de ella cuando percibían que podían tener problemas internos, originados en esta región. Creían y muchos aún lo hacen, que siempre estamos “de siesta” y “de fiesta”. Eso no es verdad y es una imagen completamente equivocada sobre lo que es América Latina.
– ¿Y no será mejor que Estados Unidos no se ocupe de América Latina?
– Para como eran las cosas antes, sí. Pero, al mismo tiempo, nos sitúa de una manera favorable como para decir “bueno, en este mundo globalizado, Latinoamérica tiene que tener su lugar y su palabra propia”, y puede gestionar un mejor relacionamiento con Estados Unidos, con la Unión Europea, con África o con Asia. Por supuesto que nos tenemos que ganar esa posición. Pero, al mismo tiempo, esa voz tiene que ser reconocida.
– ¿Qué quiere decir que “tiene que ser reconocida”? ¿Qué cree que debe pasar?
– Lo que está pasando ahora con los organismos multilaterales de crédito. Ellos dicen que Latinoamérica es una región en crecimiento, que crece permanentemente, a veces más y a veces menos, hay decenas de millones de personas que dejaron de ser pobres en la región, mejoraron las condiciones laborales, hay mucha inversión extranjera directa, existen las llamadas “multilatinas”, empresas latinoamericanas multinacionales que están expandiéndose por el mundo. Y Estados Unidos tiene que reconocer eso en la práctica.
– ¿Cómo?
– Por ejemplo, mejorando el comercio con los países latinoamericanos. Estados Unidos, igual que Europa, aplica subsidios tremendos para el sector agrícola que perjudican enormemente a países como el nuestro que se dedican principalmente a producir alimentos. ¿Cuánto tiempo hace que Uruguay está peleando para poder venderle carne ovina a Estados Unidos? ¿Cuánto tiempo pasó para que pudiéramos venderle cítricos a Estados Unidos? De modo que, en una relación entre pares, Estados Unidos debería reconocer que América Latina es una región, entre otras cosas, productora de alimentos y que todos los impedimentos que nos pone con subsidios directos e indirectos, nos perjudican. Ya que hablan tanto de libre comercio, que lo practiquen.
– ¿Cree que esa imagen de una región “de siesta” y “de fiesta” predomina hoy en Estados Unidos?
– No, creo que está cambiando. Después de todo, ninguno de los ataques terroristas que ha sufrido Estados Unidos en los últimos años provino de América Latina. ¿Y cuál de los gobiernos “revolucionarios”, “progresistas”, “populistas” o como quieran llamarlos rompió sus vínculos comerciales con Estados Unidos o expropió a una empresa norteamericana? Ninguno. Entonces, veamos la realidad. América Latina no es enemiga de Estados Unidos y, además, puede ser una contraparte responsable y fecunda para ese país.
– ¿Entonces usted visualiza una oportunidad para construir un nuevo relacionamiento entre Estados Unidos y América Latina?
– Sí. Pero no para que Estados Unidos sea el gendarme, sino para construir un relacionamiento de igual a igual, donde haya respeto y tolerancia mutuos, con cada país resolviendo sus problemas soberanamente y discutiendo, con visión estratégica, una agenda que no favorezca a uno solo sino a todos. Y tiene que ser una agenda elaborada por todos; no es cuestión de que venga Estados Unidos y nos diga “esta es la agencia”, como muchas veces ha pasado. O sea: no solo Estados Unidos representa una oportunidad para América Latina, sino que América Latina es una oportunidad para Estados Unidos.
– Hace algunas semanas, en México, el presidente Barack Obama dijo que “hay que superar estereotipos anacrónicos”, de Estados Unidos hacia América Latina y viceversa, y que “juntos podemos más”. ¿Usted qué opina sobre esa declaración?
– Que estoy totalmente de acuerdo. Ya lo dije y lo vuelvo a decir: ya es tiempo de dejar de pasarnos cuentas, lo que no quiere decir olvidar el pasado ni renunciar a lo que somos. En Uruguay, la experiencia con los últimos dos embajadores que Estados Unidos ha destacado en Montevideo, Frank Baxter y Julissa Reynoso, ha sido muy buena. Creo que es una demostración clara acerca de la nueva perspectiva que, entiendo, el gobierno norteamericano ha comenzado a elaborar sobre América Latina. Hay nuevas condiciones o, por lo menos, necesidades favorables para definir una agenda común. Mire: estamos viviendo una instancia que me parece bien interesante. Ya está desarrollándose en la práctica este concepto de que existe la posibilidad de un nuevo relacionamiento, porque Venezuela y Estados Unidos están discutiendo un nuevo relacionamiento entre ellos. El canciller de Venezuela se ha reunido con el Secretario de Estado de Estados Unidos para discutir eso.
– A pesar de todo lo que ha dicho, en América Latina y en Uruguay siguen enarbolándose pancartas contra el “imperialismo” norteamericano, con letreros que continúan diciendo “yankees go home”, etc. Usted lo sabe bien porque grupos del Frente Amplio suelen hablar del “imperialismo”. ¿Por qué sigue ocurriendo eso, entonces?
– A ver: es cierto que la izquierda en Uruguay, en Latinoamérica y en todos lados ha criticado a Estados Unidos como un país imperialista, que quería imponerse. Y es cierto que tuvo una actitud imperialista y es cierto lo del “Plan Cóndor” y varias cosas más de las cuales no nos podemos olvidar. Eso es cierto, no lo podemos negar y lo hemos criticado. Ahora, ¿lo criticamos por criticarlo o lo criticamos porque queríamos que Estados Unidos cambiara esa actitud? Entonces, si criticamos para que cambie de actitud y Estados Unidos cambia de actitud, puede haber la posibilidad de un nuevo relacionamiento.
– ¿Y usted cree que Estados Unidos cambió esa actitud?
– Hay algunas muestras actuales según las cuales parecería que Estados Unidos está cambiando de actitud. Por ejemplo, ese discurso del presidente Obama, acerca del cual hablamos antes. O la visita del vicepresidente de Estados Unidos a países de la región. O la llegada de otros presidentes a la región. Yo creo que hay un cambio de actitud.
– ¿Cuáles son los “estereotipos anacrónicos” que Obama dice que hay que superar y cuáles son las “cuentas” que usted dice que hay que dejar de pasarse mutuamente?
– Yo no puedo hablar por el presidente Obama; no puedo ni debo interpretar su pensamiento. Ahora, sobre qué cuentas debemos dejar de pasarnos, le voy a decir esto: hay que dejar de concebir que, permanentemente, la relación de Estados Unidos con América Latina va a ser la histórica. Vuelvo a decir: las intromisiones de Estados Unidos en nuestros asuntos internos, su actitud imperial, sus avasallamientos, eran conductas que criticábamos por ser espantosamente malas. Pero, ¿las criticábamos como deporte? No. Las criticábamos para que cambiaran. Y yo veo un cambio de actitud.
– Estados Unidos mantiene el embargo contra Cuba. Ahí no hay cambio de actitud…
– …no, ahí no. Por eso, esta posibilidad de relacionarnos de otro modo, con tolerancia, con respeto, en igualdad de condiciones a pesar de las diferencias, de una agenda común elaborada entre todos los países, que contemple los problemas de todos, debe hacerse sin exclusiones. Lo primero es que a Cuba no la dejamos afuera. ¿Usted cree que Estados Unidos aceptaría negociar la paz en Medio Oriente excluyendo a Israel? Obviamente, ni se imagina esa posibilidad. Entonces, salvando las diferencias con el ejemplo anterior, ¿por qué pretendería Estados Unidos, si es que acepta participaren un nuevo esquema de relacionamiento, que Latinoamérica aislara aún más a Cuba?
– ¿Y el problema de la democracia en Cuba? ¿Cómo sería considerado en esa hipótesis?
– Mire, si hablamos de democracia o de cláusulas democráticas, en el mundo hay varios gobiernos, algunos de ellos muy importantes, que no las cumplen. Y, sin embargo, Estados Unidos mantiene excelentes relaciones con ellos. Así que no seamos más realistas que el rey. Además, Cuba está en este momento viviendo un proceso de apertura gradual pero bien importante. Primero llegó una apertura para el turismo y llegaron a la isla inversiones de Canadá, de México, de España. Ahora está aplicando una apertura económica. El año pasado, cuando estuve en La Habana, yo vi taxímetros cero kilómetro conducidos por particulares. O sea, actividad privada. También vi la actividad privada de pequeños granjeros alrededor del cinturón de La Habana, donde las personas hacen su producción y la venden para beneficio personal. Vi camionetas llenas de verduras recorriendo barrios y vendiendo. Además, hubo una apertura migratoria, que es el inicio de una apertura política. El embargo norteamericano tiene que ser removido. Además, es más simbólico que real, porque está perforado por todos lados. Y, por otro lado, Estados Unidos debe darse cuenta de que no puede seguir teniendo bases militares en América Latina. Guantánamo, por ejemplo, no debería existir más.
– Si se diera el escenario de una nueva relación como usted imagina, ¿cuál sería una agenda posible?
– Primero, que haya una “gobernanza” democrática y una integración real. Hay problemas que son comunes a Estados Unidos y a América Latina, que ya se podrían encarar en conjunto: los fenómenos migratorios, la seguridad energética, la infraestructura, la producción, la innovación, la educación, el empleo, la protección social, el terrorismo, el narcotráfico, el lavado de activos, el comercio de armas o la trata de personas. Nadie por sí solo y por más poderoso que sea, puede resolver estos problemas, que son comunes a todos. Segundo, los temas económicos y de comercio. El acuerdo de asociación transpacífica es de tal magnitud que todos los países latinoamericanos, incluyendo a los que, como Uruguay, son países atlánticos, tienen la necesidad de seguir muy de cerca estas negociaciones porque sus consecuencias nos van a afectar a todos. Además, sabiendo que Estados Unidos está en negociaciones similares con la Unión Europea, que también involucran a Asia, con más razón tenemos que mirar para ahí. La efervescencia del comercio y de las inversiones está ahí.
“No me desespera”
– Discúlpeme, pero tengo que volverle a preguntar: ¿va a ser candidato presidencial del Frente Amplio en octubre de 2014?
– Como ya he dicho, eso depende de la biología y de las circunstancias  políticas. La biología comprende, por supuesto, el estado de salud físico,  pero también el estado espiritual de un individuo.
– ¿De qué “circunstancias políticas” depende su decisión?
– Primero, el Frente Amplio tiene que decidir mediante las instancias formales que corresponden si quiere que yo sea candidato presidencial o no. Y, en caso de que resuelva que sí, entonces tendré que re  vez candidato presidencial del Frente Amplio.
– En su disertación de mayo en Washington, usted dijo como al pasar que los almanaques “siempre son inexorablemente pasajeros” y agregó: “los cargos de gobierno también lo son”. ¿Interpreto bien si digo que a usted no lo desesperan los cargos de gobierno?
– Interpreta perfectamente mi pensamiento y mí: estado espiritual. Para mí fue un honor enorme haber sido intendente de Montevideo y luego presidente de la República. Pero, sinceramente, no me desespera hacia el futuro ningún cargo de gobierno. Usted lo interpretó perfectamente.
La gente demostró que es independiente
Durante la campaña electoral de noviembre de 1994, cuando se postuló por primera vez a la Presidencia de la República, Tabaré Vázquez encabezaba un acto en Maldonado. En un momento, la ex dirigente socialista Alba Clavijo le preguntó que haría él si llagaba  a la Presidencia y se enfrentaba a una ley que despenalizara el aborto. “La veto”, respondió Vázquez. Clavijo dijo entonces que, si esa era su posición, no podía ser candidato de la izquierda. Vázquez dejó sobre una mesa el micrófono que tenía en su mano derecha y lanzó: “Si esto implica y lo digo públicamente, que por ser candidato me tenga que comprometer con un tema que en conciencia no estoy de acuerdo y eso es un obstáculo para que sea candidato, no soy candidato”.
A pesar de eso, Vázquez fue designado por el Frente Amplio candidato presidencial ese año en 1999 y en 2004. Y el 1º de marzo de 2005, se convirtió en el primer presidente frenteamplista de la historia uruguaya.
El domingo 23, fue uno de los individuos que fueron a votar para habilitar un referéndum contra la ley, aprobada por el gobierno del presidente José Mujica, que legalizó la práctica del aborto durante las primeras 12 semanas de gestación. Ese día, el ex presidente afirmó: “Cuando digo una cosa, digo una cosa”. Vázquez dijo a Búsqueda que el domingo “la ciudadanía demostró que es independiente”.
– El domingo 23, cuando usted fue a votar para habilitaran referéndum contra la ley que despenalizó el aborto, dijo que hay ocasiones, y esa era una de ellas, en que no hay que fijarse en los “costos políticos”. ¿Por qué cree que podría tener “costos políticos” para usted haber asumido esa conducta?
– Lo cierto del caso es que la fuerza política a la que pertenezco llamó a no votar en esa instancia y yo fui y voté. No sé si puede tener costos políticos. Pero si los tuviera, los asumiría.
– El Partido Comunista y las QNG que están a favor de la ley reaccionaron diciendo que esto fue un revés para la “derecha” y el “Uruguay conservador”. Incluso, en un lugar donde estaba el subsecretario de Salud Pública, se entonó un cántico burlón hacia su  persona por este asunto. ¿Qué dice sobre eso?
– Todo eso corre por cuenta de ellos. Para mi esto significa un punto final. Las uruguayas y los uruguayos se expidieron, y lo hicieron con meridiana claridad.
– Nueve de cada diez ciudadanos no fueron a votar. En cambio, casi todos los líderes políticos con posibilidades de acceder a la Presidencia en marzo de 2015 sí lo hicieron. ¿Ve usted algún mensaje de la ciudadanía al liderazgo político por este caso?
– Hubo un mensaje muy claro, en el sentido de que la ciudadanía tiene que jugar un rol participativo. Y en el sentido de que, para llevar a buen puerto una consulta popular, para producir una situación distinta a la que se vivió el domingo, hay que tener el convencimiento de que esa propuesta es la que la gente respalda implícitamente. El domingo la ciudadanía demostró que es independiente.
– ¿Queda algo por hacer después do ese pronunciamiento popular?
– Si, esto no se termina acá. ¿Cuál es ahora la tarea del gobierno? Tener en cuenta que la mayoría de los casos en que las mujeres desean abortar se producen ante embarazos no deseados. Y por eso, hay que educar, educar y educar, a las jóvenes sobre todo, para evitar los embarazos que no se quieren tener. Hay que proveer los elementos anticonceptivos conocidos y clásicos: preservativos y las pastillas anticonceptivas. Además, el Estado tiene que desarrollar intensamente las posibilidades de adopción de  niños por parte de familias que quieran adoptar. Y, como la ley está vigente y hay que respetarla, es necesario dar todas las garantías de calidad a toda la población para que todas las ciudadanas puedan estar cubiertas si finalmente, porque es un problema de conciencia individual, deciden abortar. Es decir, que tengan todas las garantías de ser bien atendidas desde el punto de vista sanitario.

Cada día nos cuesta creer aunque por ahora la realidad nos rompa los ojos, que de nuevo el doctor Tabaré Vázquez sea el hombre elegido por los frenteamplistas para que repita como Presidente de los uruguayos.
El mismo hombre que convocó al genocida Presidente de los Estados Unidos, George W.Bush, mientras cometía agresiones, a mansalva en saqueos y masacres en Medio Oriente, Irak, Libia, Afganistán, Líbano, Palestina. Y al tiempo que el fallecido y ex Presidente Hugo Chávez visitaba la Argentina y se reunpía con el Presidente Néstor Kirchner y el pueblo argentino, el se dedicaba a hacerle un asado personal en la Estancia de Anchorena al gringo imperialista. Tabaré Vázquez después de haber declarado públicamente hablando a una clase de alumnos de un liceo particular, confesó que había solicitado ayuda a los Estados Unidos en caso de una confrontación con los argentinos, por que un Presidente debe prevenir todas las posibilidades. 
Los frenteamplistas han elegido nuevamente al hombre soberbio que no le importa la resolución de sus fuera política y que el domingo anterior fue a votar en contra de la ley del aborto legal.
Este médico que ahora es pro yanqui o fue toda la vida y ahora lo confiesa abiertamente, y dice que ya no somos más el “patio trasero” cuando acaba de decirlo exactamente y con esas mismas palabras el vicepresidente de los Estados Unidos, cuando señala que “hemos descuidado mucho a América latina, nuestro patio trasero”. Un imperialismo, que destituyó a Zelaya en Honduras, y se está cumpliendo un nuevo aniversario en estos días. Que dio un golpe parlamentario en Paraguay para sacar al cura Lugo. Que tiene presos a cuatro patriotas anti terroristas cubanos. Un imperialismo del cual los venezolanos tienen serias sospechas acerca de las causas de la muerte de su ex Presidente Hugo Chávez.
Un Tabaré Vázquez que propone a Brasil como sub imperio, para la región, sin importarle siquiera lo que está pasando en estos días donde el pueblo ha salido a la calle y arden las ciudades, se reprime en las favelas, y la policía militar asesina ya casi una decena de civiles.
¿DONDE ESTAN LAS BASES DEL FRENTE AMPLIO?   
¿NO QUEDAN FRENTEAMPLISTAS DE CONCIENCIA?
¿HASTA CUANDO LES DURARÁ EL LARGO SUEÑO DEL ENGAÑO Y LA MENTIRA?
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