ARTÍCULO 23, DE LAS 35 MEDIDAS DE LA UNIDAD POPULAR

Creación de fuentes de trabajo estable, formal y con
salarios dignos, inversión social en los barrios con espacios de uso comunitario, deportivos y culturales

Hace tiempo que los uruguayos venimos expresando con mucha contundencia y con una gran cantidad de datos de lo que sucede en nuestro país la necesidad de ampliar nuestras fuentes de trabajo estable, para garantizar el desarrollo nacional y la estabilidad de la familia de los trabajadores.
Lo que hemos visto en los últimos años es el recorrido inverso, por motivos que ya hemos comentado e informado ampliamente en nuestros espacios de opinión y en la Juventud.
Sobre el tema del trabajo y de la creación de fuentes dignas de empleo se habla mucho, aunque lo real es que los últimos gobiernos han hecho muy poco por concretarlo, a la luz de los actuales acontecimientos de la vida nacional hay que observar que socialmente estamos bastante peor que hace unos años atrás.
Al optar por la libre inversión extranjera en la época actual se ha condenado a la masa de los trabajadores a salarios bajos y a una fuerte desocupación que presiona aun más a la baja al salario de los trabajadores, y a la liquidación de muchas conquistas alcanzadas en otras épocas, a veces no muy lejanas, en que los sindicatos arrancaron con su lucha conquistas muy importantes.
Hoy el salario de los trabajadores uruguayos esta sujeto a una constate variable de ajuste, a tal punto que el oficialismo piensa los mismo que las cámaras empresariales, en donde a diario reiteran que es un detonante inflacionario.
En nuestro país el proceso de pérdida de capacidad industrialización ha sido creciente en las últimas décadas hasta nuestros días y ello conlleva a una perdida estructural de mano de obra en las principales industrias nacionales. Este proceso lo han ahondado los últimos gobiernos del Frente Amplio, a tal punto que las viejas zonas industriales en que existían importantes textiles, frigoríficos, fábricas de calzado, etc., se han convertido en zonas donde la población aumenta en su marginación económica y social.
Lo cierto es que todas estas industrias han ido desapareciendo, o transfiriéndose en un proceso interrumpido hasta nuestro días a capitales extranjeros, e importantes corporaciones de la región. Ello, en líneas generales ha sido así, en la ciudad y el campo, lo que indica que el proceso productivo no ha contemplado básicamente la incorporación y preparación de nuevos trabajadores para el trabajo nacional.
El último censo muestra que 12 mil establecimientos rurales se han perdido en la última década, el campo tiene cada vez menos personas, y el salario de cientos de miles de trabajadores esta bastante por debajo de las necesidades mínimas para vivir en forma decente.
Las obras de la megaminería o emprendimientos industriales de celulosa, se van construyendo a influjo de una fuerte explotación temporal del trabajo nacional, o de la expulsión de productores agropecuarios que se dedicaban a la producción de alimentos.
Está comprobado además que el trabajo estable, actúa sobre el entorno social en forma favorable, creando hábitos desarrollados, desde el punto de vista social y cultural.
Es sin duda una base muy importante a los efectos del desarrollo del país, cosa que no se ha encontrado en los últimos tiempos, donde la marginación, la droga y la violencia, deshilachan la vida social.
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