NI EL PAIS, NI INTERIOR, NI INTELIGENCIA DIJERON NADA

Cuando la semana pasada se produjeron grandes desmanes en los festejos de uno de los grandes clubes deportivos del fútbol uruguayo, en la Rambla de Montevideo, las repercusiones en el plano de las declaraciones oficiales no han sido tan “facilongas” como en otras oportunidades por parte del gobierno y más concretamente del Ministerio del Interior, que ocupó varias paginas principales de los diarios de la derecha más representativa, cuyo blanco fueron los llamados despectivamente “radicales” de todo tipo a los efectos estigmatizarlos con la violencia que se produjo.
Esta vez el aniversario de los 100 años del carbonero se hizo sentir, y terminó como en general nos tienen acostumbrados, pero lo más significativo es que cuando de fútbol se trata parece que los hechos no tienen tanta gravedad, para el gobierno y el Ministro del Interior o para las fuentes que les proporcionan datos al diario el País y a los medios respectivos.
En estos días que tanto se habla de la violencia social, siempre en los últimos tiempos ha existido una dirección por parte de la política oficial, de optar siempre por culpar a los sectores sociales más pobres, la generación de la violencia.
Lo cierto es que en todo este tiempo en nuestro país la violencia social se ha ido instalando como un subproducto que debe ser tratado por todo el estado que sigue optando por medidas represivas, de acuerdo con los intereses de la política dominante.
Está claro también que en tiempos donde se aproximan las elecciones siempre existe algún sector social o político que es necesario “encastrar”, donde no se tenga en claro sus ideas, sus propuestas y su programa.
El objetivo como siempre es tratar de aislar del pueblo, a quienes mantienen una propuesta política que se escapa de la política económica privatizadora y liberal, y que cada vez que aparezca no aparezca nítidamente su propuesta, y que en forma constante que se oculte un tipo de situación social como los salarios bajos, la jubilaciones insuficientes, la falta de alimentación, las carencias en la salud o la vivienda.
Lo cierto es que cuando en medio de un importante crecimiento inflacionario, y de importantes niveles de eventos deportivos, donde participan sectores mayoritarios de la población en donde el deporte no escapa a los grandes eventos masivos en tiempos de crisis, la vida se torna muchas veces en el escape apropiado para olvidar lo que sucede con la vida social, el salario y hasta de la economía doméstica.
El tema es que cuando el festejo de multitudes, se produce en las zonas que no pueden ocultarse como fue el otro día que se transforma a su vez en algo inocultable en la sociedad uruguaya.
La sociedad sabe donde están los problemas, y el gobierno también, pero lo que sucede es que los intereses financieros que existen en esta materia no son menores, son parte también de la vida nacional. El tema es que han optado por una opción donde también en el deporte se favorecen a los grandes empresarios, y la violencia que se produce se sabe de donde parte y porque se genera. Es el nuevo negocio del siglo XXI, pura política aunque los que a veces no saben ni porque la llevan adelante. Aunque el gobierno siempre arranca contra los más débiles y si son de la AP o radicales en seguida vienen los titulares, los juicios y los etc., provenientes de los “observadores”.

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