CAE LA LEY PLUNA Y LA DEUDA ESTATAL AUMENTARÁ A 300 MILLONES DE DÓLARES

Para la Suprema Corte de Justicia la ley viola principios de igualdad, seguridad jurídica y separación de poderes

TABARÉ VÁZQUEZ FUE NOMINADO Y YA GOBIERNA

Unos abogados me enseñaron que más vale un mal arreglo que un buen pleito”

Dijo que está bien perdonarle la deuda a su amigo Paco Casal y que en el caso PLUNA hay que respetar fallo de la Corte”

URUGUAY “GUARIDA FISCAL, “ENTRE LOS PRIMEROS PARAÍSOS FINANCIEROS DEL MUNDO

 

Los aviones Bombardier de ex PLUNAEl gobierno debiera hacerse responsable de los daños generados a los acreedores de Pluna a partir de la ley que fue declarada inconstitucional.

El gobierno tiene que asumir la responsabilidad tras la declaración de inconstitucional de la ley de Pluna, y además la renuncia de los ministros Fernando Lorenzo de Economía, y Enrique Pintado de Transporte.

Los blancos y colorados aseguran que se debería hacer accionar dos artículos de la Constitución que prevén la responsabilidad patrimonial de los gobernantes ante un daño causado a terceros.

El senador de Alianza Nacional Carlos Moreira reclamó la renuncia de los ministros Lorenzo y Pintado, tras el fallo de inconstitucionalidad de la ley de Pluna que dio a conocer la Suprema Corte.

Se propone una interpelación a ambos secretarios de Estado “Creo que corresponde interpelar a los ministros habida cuenta del camino que eligieron y que resultó ser el peor imaginable y con un costo enorme”, dijo Moreira al diario El País.

El artículo 24 sostiene que “el Estado, los Gobiernos Departamentales, los Entes Autónomos, los Servicios Descentralizados y, en general, todo órgano del Estado, serán civilmente responsables del daño causado a terceros, en la ejecución de los servicios públicos, confiados a su gestión o dirección”. En tanto el artículo 25 refiere a que “cuando el daño haya sido causado por sus funcionarios, en el ejercicio de sus funciones o en ocasión de ese ejercicio, en caso de haber obrado con culpa grave o dolo, el órgano público correspondiente podrá repetir contra ellos, lo que hubiere pagado en reparación”.

Los acreedores de Pluna no tienen dudas de que ahora, tras el fallo de inconstitucionalidad, los aviones de la ex aerolínea deben ingresar al concurso judicial. En el gobierno van a “evaluar la situación” y Tabaré Vázquez llamó a “respetar el fallo”.

Por tres votos contra dos, la Suprema Corte de Justicia (SCJ) declaró inconstitucionales los artículos 1°, 2° y de la ley de liquidación de Pluna (18.931) que crearon y regularon el fideicomiso que adquirió las aeronaves de la aerolínea tras su cierre, en julio de 2012.

Con ese mecanismo, los aviones Bombardier CRJ 900, seis que estaban en leasing y que ya fueron devueltos y otros siete que aún permanecen en el aeropuerto de Carrasco, quedaron por fuera del concurso judicial, razón por la que varios acreedores plantearon la inconstitucionalidad de la ley de liquidación de Pluna, que fue votada solamente por los legisladores del Frente Amplio.

Ahora que la SCJ les dio la razón, los acreedores consideran que la consecuencia del fallo de la Corporación es una sola: los aviones deben ingresar al concurso judicial.

No hay dudas de que los aviones van al concurso, porque el fallo de la Corte derogó la médula de la ley. Cualquier otra interpretación es equívoca”, dijo el abogado Pablo Correa, asesor de Raúl Rodríguez, un ex gerente de Pluna que fue despedido en diciembre de 2011 y que está en juicio laboral contra la empresa.

En el mismo sentido, la abogada Gisleine Barboza, representante de cerca de 3.000 clientes de Pluna que tenían pasajes adquiridos pero no pudieron volar por el cierre de la empresa, afirmó que con la sentencia de la Corporación “los aviones vuelven al patrimonio de Pluna, de donde nunca debieron haber salido”.

Barboza anunció que ahora comenzará a trabajar en un reclamo contra el Estado por responsabilidad legislativa, ya que se aprobó “una ley inconstitucional que paralizó el concurso judicial durante un año y medio”.

En tanto, desde Alas Uruguay, cooperativa que firmó con el fideicomiso un compromiso de compra de tres aviones de Pluna a cambio de US$ 47 millones a pagar en diez años, se indicó que el proyecto no debería verse afectado por la resolución de la SCJ. “Nosotros seguimos manteniendo el proyecto; esto no tiene por qué afectarnos. Para nosotros no cambia nada”, expresó una fuente de la cooperativa.

El ex presidente y actual precandidato presidencial del Frente Amplio, Tabaré Vázquez, dijo anoche que “hay que respetar el fallo” de la SCJ. “Cuando se aprobó la ley pensé que estaba muy bien, pero yo no soy abogado”, afirmó el ex mandatario a la prensa.

Si bien esos aviones están hipotecados a favor del Scotia Bank con garantía hipotecaria de Pluna Ente Autónomo, el nuevo mecanismo afecta el derecho de los acreedores en el concurso independientemente de la graduación de sus créditos a percibir sus créditos en caso de quedar remanente del remate”, agrega la resolución de la SCJ.

Según el senador Moreira, el costo de la operación de “salvataje” de Pluna “es enorme, además de que no hay nadie trabajando, la conectividad se restableció sola y el mantenimiento cuesta un dineral. Todo lo que se afirmó era falso. En otro tiempo los ministros renunciaban por mucho menos que esto”.

El abogado calculó en US$ 40 millones los gastos que ha tenido desde que se creó el fideicomiso. Esa cifra se compone del pago de las tres cuotas al Scotiabank de US$ 25 millones, mantenimiento de los aviones US$ 10 millones y el resto de la capacitación a los pilotos para que mantengan la certificación para poder volar.

Pero además, la caída de la ley trae aparejado la posibilidad de juicios millonarios para reclamar los daños y perjuicios por los que se han visto afectadas empresas y particulares. De hecho, entre otros juicios que ya están en curso, el síndico ya inició un juicio a Leadgate, Sociedad Aeronáutica Oriental (SAO) propietaria de la aerolínea y Pluna Ente Autónomo por los daños ocasionados por haber incumplido su promesa de capitalizar la aerolínea. Si Pluna es condenada.

El ex presidente Tabaré Vázquez se pronunció ayer a favor de un acuerdo entre el gobierno y Francisco Paco Casal sobre una deuda que le reclama la DGI al empresario. Aseguró que es mejor “un mal arreglo” que “un buen pleito”.

El ex presidente Tabaré Vázquez respaldó las negociaciones que encabeza el presidente José Mujica para condonar una deuda de US$ 10 millones al empresario Paco Casal.

Estoy de acuerdo con lo que planteó el presidente, hay que buscar un acuerdo. Tenemos que desarrollar muchas políticas sociales, para eso se necesitan recursos económicos, tratemos de no dilapidar esos recursos”, indicó Vázquez al ser consultado por el diario El País.

Como argumento para perdonar una supuesta deuda que Casal mantiene con la Dirección General Impositiva (DGI) desde el año 2008, Vázquez citó a juristas. “Unos abogados me enseñaron que más vale un mal arreglo que un buen pleito”, remarcó el ex presidente dejando así en claro su respaldo a la iniciativa de Mujica.

Por otra parte, Mujica como siempre “escondió la cabeza” declinó ayer hablar sobre su decisión de anularle la deuda a Casal. “Hay mucho abogado de por medio”, dijo Mujica.

El plan de rebaja de UTE según el dirigente sindical Joselo López es una “maniobra” del gobierno con los salarios y el “juego de la mosqueta”.

El dirigente Joselo López dijo que la medida de rebaja de UTE que impactará en la inflación y, por ende, en el ajuste salarial que recibirán en enero es “muy preocupante” y harán planteo al secretariado del PIT CNT.

El plan de rebaja de UTE, que se prevé que incida en los precios de diciembre con una deflación de 0,95%, no cayó bien entre los funcionarios públicos agrupados en la Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado (COFE).

El dirigente Joselo López dijo que la medida es “muy preocupante” y remarcó que se trata de una “maniobra” que “no compartimos”. Además dijo que si bien la gran mayoría de los funcionarios públicos ajusta su salario en base al 100% de la inflación, en esta oportunidad se había llegado a un acuerdo “para que algunos salarios tuvieran un punto o dos adicionales de recuperación”, pero con la medida el gobierno “al final juega a la mosqueta porque por un lado te lo da y por otro lado te lo saca”.

El año pasado, la bonificación de UTE hizo que se registrara una deflación de 0,73% en el Índice de Precios del Consumo (IPC) de diciembre, con lo que la inflación en 2012 se ubicó en 7,48%. Algunos analistas estimaron que sin su aplicación la inflación anual se habría ubicado levemente por debajo de 8,5% aproximadamente; esto es, 1 punto porcentual.

Nos parecerían justas si se hicieran durante todo el año, pero no al final para controlar la inflación y limitar los aumentos salariales de los públicos”, dijo López

Uruguay dónde reina el secreto financiero.

La red de justicia tributaria que agrupa a expertos de todo el mundo, difundió este jueves su índice de secreto financiero. Es un indicador que mide qué países promueven de forma más activa y agresiva el secreto de las finanzas frente al escrutinio de las agencias tributarias. Este año, el índice demostró otra vez que Reino Unido es el actor global más importante en el mundo del secretismo financiero porque, pese a que ocupa el puesto 21° en la clasificación, apoya y controla gran parte de una red de jurisdicciones opacas, desde las islas Caimán y Bermuda hasta Jersey y Gibraltar. Si se suma toda la red británica, supera a los líderes del indicador, Suiza, Luxemburgo y Hong Kong. En Latinoamérica, Panamá, Brasil y Uruguay encabezan el ranking.

El índice pondera tanto el aspecto cualitativo (transparencia) y cuantitativo (peso en los flujos internacionales de fondos) y, según TJN, puede resultar útil para incluir en la agenda del G20 y conseguir una ampliación de la visión de la opinión pública sobre el rol que cumplen los países centrales (EE UU con Delaware o Miami, o Reino Unido y su red de territorios de ultramar y dependencias de la Corona, así como Suiza o Luxemburgo) en los flujos ilícitos de fondos, ya que allí se suele dirigir el dinero proveniente del narcotráfico o de la corrupción política. Entre los aspectos cualitativos se valoran tratados multilaterales, estructura tributaria e incentivos para no residentes, mecanismos unilaterales para evitar la doble imposición impositiva, eficiencia de la administración tributaria, cumplimiento de recomendaciones de lavado de dinero, estructura del sector financiero, estructura y eficiencia de los reguladores de este sector, secreto bancario y cooperación internacional, cooperación judicial, suministro y publicidad de información actualizada sobre beneficiarios últimos y estados contables de sociedades, asociaciones, fundaciones y fideicomisos. TJN considera que el índice “expone la brecha entre la retórica del G20 y lo que sucede en la realidad”.

Panamá ocupa el puesto 11° en el mundo. Brasil, el 29° y Uruguay, el 30°. República Dominicana está 42°; Costa Rica, 46°; Guatemala, 51°; España, 56° y Portugal, 69°. No hay otros países iberoamericanos evaluados en esta lista de 82 territorios.

Un subíndice se refiere a los países menos transparentes en la materia, más allá del tamaño del flujo de fondos que manejan. Allí lideran en el mundo Samoa y Vanuatu, en Oceanía, y Seychelles, en Asia. Los latinoamericanos figuran así: Guatemala, 28°; Panamá, 37°; República Dominicana, 39°; Uruguay, 41°; Costa Rica, 43° y Brasil, 64°. Aquí España aparece 80°, mejor que Portugal (78°).

TJN calcula que las guaridas fiscales custodian más de 11 billones de dólares de grandes empresas y personas ricas que buscan eludir el pago de impuestos, legitimar fondos ilícitos o esconder las divisas fugadas. A pesar de las amenazas de los líderes del G20 para avanzar en su regulación, las jurisdicciones del secreto gozan de buena salud, según la organización con sede en Londres y que agrupa a académicos, contables, ONG, economistas, grupos religiosos, profesionales de las finanzas, periodistas, abogados y sindicatos de todo el planeta. “Suiza es el padrino de los paraísos fiscales y uno de los centros financieros más grandes del mundo. Las raíces de su opacidad y secretismo se remontan cinco siglos. En 2012, 2,8 billones de dólares eran administrados por los bancos suizos”, explica el informe de TJN.

Si se mide la cantidad de fondos opacos que cada país opera, EE UU, Reino Unido, Luxemburgo y Suiza son los primeros. España está 13°, por delante de Brasil (17°), Uruguay (46°), República Dominicana (52°), Costa Rica (56°), Guatemala (59°) y Panamá (60°).

Analicemos y pensemos un poco tratando de utilizar la dialéctica y haciendo uso del marxismo leninismo como ciencia por supuesto y aclararlo es una redundancia, dentro de los limites razonables de nuestros escasos conocimientos.

Pero son estos tiempos donde, han casi han desparecido las interpretaciones marxistas, sea por que no se conocen, no se divulgan, o simplemente no se tienen en cuenta.

Gracias a la generosidad de nuestros amigos de la radio, o del Correo Viejo, hemos recuperado un buen número de textos, artículos, y documentos de otra época, en la cual los partidos políticos de izquierda y sus dirigentes se preocupaban en recurrir a estos conocimientos científicos para interpretar la sociedad, la política y la economía, del proceso uruguayo.

Sin que se trate de un uso mecanicista, o una traslación simple de estos conocimientos, quisiéramos igualmente acercar hoy algunos de estos conocimientos escritos por Marx y Lenin plasmados en materiales impresos cuando sus análisis y teorías eran “palabra santa” para la izquierda uruguaya, que nadie salvo la derecha recalcitrante se atrevía a rebatir o poner en duda. Más bien era un “sacrilegio” una verdadera “herejía” cuestionar un punto o una coma, y en caso de que esto sucediera se corría el riesgo de ser acusado de “agente del imperialismo”, “infiltrado” o de “anticomunista”. Muchos de aquellos “guardianes del templo” hoy se han pasado con armas y bagajes sin más trámite al campo del imperialismo y capitalismo, cosa que siempre puede suceder sin que tengamos que asombrarnos. Salvo que con la excepción de Danilo Astori, ninguno de ellos ha dado una explicación por que lo hicieron. Puede ser entonces que o en aquellos tiempos que defendían las ideas marxistas leninistas no estaban muy convencidos y lo hacían simplemente por novísimo, locura juvenil y falta de consejos. O ahora han cambiado sencillamente por conveniencia personal, y razones más mundanas relacionadas con el bolsillo propio.

Hoy por lo menos nosotros nos solemos preguntar, ¿el Gobierno del Frente Amplio acaso tiene alguna diferencia sustancial respecto a otros gobiernos anteriores de blancos y colorados?.

Si la economía define a los demás aspectos de la sociedad como lo social y lo ideológico, ¿Cuál es el sistema económico empleado por el grupo de Astori, como definirlo, durante todos estos años de gobierno frenteamplista?.

¿Por qué tres de cada cuatro uruguayos, están endeudados con las tarjetas de crédito, según estudios de las propias empresas prestatarias de dinero?

¿Por qué vemos en los supermercados a la gente comprando la comida con tickets de alimentación y tarjeta de crédito?

¿Por qué los jubilados se endeudan cuando llega fin de año, sacando créditos sociales en el Banco República?

¿Por qué se ofrecen zapatillas y calzoncillos en seis cuotas?

¿Por qué no hay dinero en la calle?

¿Por qué los precios de la comida, la vestimenta, los servicios públicos, en transporte, la vivienda son el doble de caros que en la Argentina o Brasil?

¿Por qué los salarios son la mitad de lo que ganan los trabajadores de la región?

¿Qué significa y que quiere decir que el Banco Central salió a comprar dólares en el Mercado de Cambio, o en otras oportunidades fue vendedor de la divisa extranjera en la plaza financiera?

¿Será acaso el contenido económico y clasista del “monetarismo” el que deben soportar y padecer los uruguayos bajo el dominio financiero total de Astori?.

No lo afirmamos pero por lo menos nos atrevemos a preguntarlo.

Tal vez el repaso de otras experiencias nos ayuden a encontrar algunas leyes y reglas que hoy rigen el proceso económico y social de nuestro país.

Señala el profesor de Economía de Gran Bretaña, Laurence Harris que durante los años de comienzo de los setenta dos de las principales potencias capitalistas optaron por el rumbo del llamado “monetarismo”. En unas condiciones de crisis mundial de la economía capitalista, Gran Bretaña y Estados Unidos aplicaron, con Thatcher y Reagan, una política “deflacionaria”, como la denominan sus adeptos.

 A esta política ya se había recurrido antes, durante el período de 30 años de boom económico que siguió a la segunda guerra mundial. Pero la política actual marca sus distancias con el keynesianismo, predominante en aquel período. Sus bases ideológicas son distintas, nace especial hincapié en las operaciones monetarias y financieras y no abandona los intentos de conseguir con las mismas un programa político y económico de orientación totalmente distinta a la de las recomendaciones keynesianas.

Gran Bretaña y Estados Unidos son los principales campos de ensayo del monetarismo, aunque no los primeros. Los círculos gobernantes de Alemania también habían venido aplicando durante las últimas décadas algunos principios financieros que el monetarismo trata de utilizar para conformar su política, y en Francia, antes del triunfo de las fuerzas de izquierda en las elecciones de 1981, el ex primer ministro Raymond Barre recurrió también a un programa de austeridad de corte monetarista.

Es más, la política monetarista fue impuesta a ciertos países en los que no se ha configurado todavía el capitalismo monopolista de Estado, a partir de las dictaduras militares del cono sur. El ejemplo más conocido es el de Chile, donde, después del derrocamiento del Gobierno de Allende, la dictadura fascista de Pinochet comenzó a aplicar los principios monetaristas en la economía, bajo la tutela de las corporaciones transnacionales con base en EE.UU. y la supervisión de economistas de la Universidad de Chicago.

Aún antes, desde mediados de los años 50, una serle de países en vías de desarrollo con regímenes políticos muy distintos se vio obligada, a instancias del Fondo Monetario Internacional, a hacer uso del monetarismo, como condición para poder recibir ayuda financiera con el fin de cubrir el déficit de la balanza de pagos.

La política monetarista se asienta en todas partes en tres elementos interconexos. El primero es la pretensión de poner coto a la inflación mediante el control de la masa monetaria y de tasa de crecimiento en la economía del país, simultáneamente con el establecimiento de topes para el aumento de la cantidad de dinero disponible y depositado en los bancos.

El segundo es el intento de reducir el gasto público para fines sociales y aquella parte de los gastos sociales cuya fuente de financiación son los empréstitos.

Es decir, reducir el déficit del presupuesto estatal.

El, tercero es la política del laissez, faire, o sea, el estímulo de la competencia con un funcionamiento libre dé las fuerzas de mercado. Estos tres elementos CQIV forman el programa monetarista, aunque los resultados reales no concuerdan plenamente con los fines proclamados.

El monetarismo aparece a primera vista como algo, paradójico, pues el énfasis puesto en la reducción del gasto publico y de los empréstitos, así como en la limitación del papel económico del Estado capitalista parece estar en contradicción con la tendencia a identificar su intervención en la economía con el interés de estabilizar las condiciones del funcionamiento de los monopolios. Paradoja que resulta aún mayor si se tiene en cuenta que la base teórica en que la ciencia económica burguesa acerca del monetarismo es sumamente endeble y no basta para justificar un cambio de rumbo tan radical.

En primer lugar, debemos examinar las bases teóricas de la doctrina monetarista y poner de manifiesto sus vicios con ayuda de la Economía Política de Carlos Marx; en segundo lugar, de evaluar el papel de la política monetarista en el capitalismo monopolista de Estado desde el punto de vista del materialismo histórico.

Los economistas burgueses parten de dos premisas teóricas al pretender justificar la política monetarista: la teoría cuantitativa del dinero y el supuesto de que el sistema de competencia de mercado con precios enteramente flexibles asegura un “equilibrio general” y un empleo óptimo de los recursos.

La teoría cuantitativa del dinero fue elaborada inicialmente por predecesores de Marx, los economistas clásicos, en particular por Hume y Ricardo, y sometida por Marx a una crítica pormenorizada. Pero posteriormente volvió a reaparecer y recibió de los economistas burgueses una base más sofisticada. De ello se encargaron primeramente, a caballo de los siglos XIX y XX, los economistas neoclásicos, y después, tras haber sido criticada por los keynesianos, los seguidores neoclásicos de Milton Friedman.

La tesis central de esta teoría es muy simple el nivel de los precios, los precios medios de las mercancías están determinados por la cantidad de dinero en circulación. El concepto “masa de dinero” ha ido cambiando con el tiempo, pero hoy deben Incluirse en ella el papel moneda, el dinero en metálico y distintas clases de depósitos bancarios se afirma que al aumentar el dinero disponible y los depósitos bancaríos aumentan los precios. Es una teoría de inflación, pues según ella, una Inflación, pongamos por caso, de un 10 por ciento anual, serla la consecuencia de un aumento anual de iguales proporciones de la oferta monetaria.

Según esta teoría, en la forma categórica en que la presentan los monetaristas, tal sería la única causa de la inflación. El aumento de los costos representados por las materias primas, el petróleo, por ejemplo, no ocasionará inflación siempre y cuando el Gobierno no permita un aumento de la oferta de dinero.

La teoría cuantitativa se basa en varias premisas lo que la diferencia básicamente de la teoría de Keynes es la presunción de que la cantidad total de mercancías permanece constante.

Si no se parte de este supuesto, objetan los keynesianos, el aumento de la masa de dinero puede conducir a un aumento de la demanda de mercancías, lo cual, en lugar de provocar un alza de los precios, originará un incremento de la producción resulta, pues, de acuerdo con la teoría keynesiana, que si el aumento de la masa de dinero intensifica la demanda de mercancías, ello lleva a un incremento de la producción de las mismas, con precios invariables o en alza ligera, y no simplemente a un aumento de los precios en consonancia con el crecimiento de la masa de dinero.

Pero únicamente a condición de que el ejército laboral de reserva no se reduzca hasta límites que hagan imposible la ulterior ampliación de la producción. Por el contrario, los monetaristas sostienen que la competencia en el mercado con precios flexibles garantiza siempre el nivel máximo de producción y ocupación, y explican el desempleo diciendo que los sindicatos impiden la competencia en el mercado de trábalo y, en consecuencia, el precio del trabajo los salarios no es totalmente flexible, o bien por el hecho de que si los salarios son flexibles, los que se registran como desocupados lo hacen simplemente porque no quieren _ trabajar.

Los mencionados tres componentes de la política monetarista corresponden a este aparato teórico. Sobre la base de la teoría cuantitativa del dinero se llega a la conclusión de que el control de la inflación requiere el control de la cantidad de dinero. La tesis de que la competencia de mercado conduce al aprovechamiento óptimo de los recursos y al nivel máximo deseado de producción, es utilizada para justificar el Lassez faire y renunciar a la intervención del Estado en el funcionamiento de los mercados, así como, para apuntalar la teoría cuantitativa.

A su vez, de la tesis de que la competencia conduce al nivel más alto posible de equilibrio de la producción se deduce la necesidad de reducir el gasto público, pues en caso contrario se detraerla de la masa de mercancías una cantidad considerable de las mismas, que quedaría fuera del alcance del sector privado.

Esta afirmación se halla en patente contraste con la idea keynesiana de que el estancamiento del capitalismo puede ser evitado por el gasto público, el cual, al aumentar la demanda, impulsarla la producción destinada a satisfacerla. Para fundamentar su exigencia de que se recorte el gasto publico, los monetaristas utilizan también el argumento de que los empréstitos para financiarlo hacen que aumente la masa monetaria y originan, por lo tanto, un alza de los precios.

El desarrollo de estos postulados teóricos por los economistas burgueses para dar apoyo al monetarismo no basta para explicar la aceptación de la política monetarista, que no es producto de la fuerza de persuasión teórica de la doctrina, sino de la relación de fuerzas en la lucha de clases librada en los terrenos ideológico, político y económico. La propia teoría del monetarismo resulta muy endeble cuando se la examina a la luz de la doctrina de Marx.

Lo que nos muestra el análisis marxista en sus obras, sobre todo en la “Contribución a la crítica de la Economía Política” y “El Capital, Marx” desarrolló una teoría de la economía capitalista que constituye una refutación convincente del enfoque monetarista. Esto se desprende de su crítica de las teorías económicas vulgares burguesas, pues el monetarismo no es más que un desarrollo moderno, llevado al extremo, de tales teorías.

El marxismo rechaza tanto la teoría cuantitativa monetaria como la idea de que la competencia de mercado conduce a un equilibrio óptimo.

Marx ofrece en la “Contribución a la crítica de la Economía Política” un detallado análisis crítico de la teoría cuantitativa, propuesta por Hume, Ricardo y otros economistas clásicos. Su argumentación se asienta principalmente en dos proposiciones.

Primera, que el valor de cambio de las mercancías se determina en última instancia por las condiciones de su producción y que, por lo tanto, los precios no vienen determinados por la cantidad de dinero en el proceso de cambio.

Segunda, que el rol del dinero no puede ser explicado si sólo se le considera como un medio de circulación, tal como lo hace la teoría cuantitativa.

La tesis de que los valores de cambio están determinados en última instancia por las condiciones de la producción es la esencia de la teoría marxista del valor, base a su vez del análisis del capital. En El Capital se muestra cómo se forma el valor de las mercancías en la esfera de la producción y cómo, transformándose, toma cuerpo en el precio de producción y en el precio de mercado en la esfera del cambio, que es donde circulan las mercancías. En “Contribución a la crítica de la Economía Política” Marx dice que ciertos autores, como Mili, cometen un error al admitir que el valor de cambio es el resultado de la circulación y de la masa monetaria. “Toda la penetración de Mili se reduce a una serie de supuestos tan arbitrarios como absurdos”, decía Marx.

Quiere demostrar que el precio de las mercancías o el valor del dinero se determinan “por la cantidad total de dinero existente en el país dado”. Si se supone que la masa y el valor de cambio de las mercancías en circulación permanecen invariables, al igual que la velocidad de circulación y el valor de los metales nobles, determinado por los gastos de su producción, y si al mismo tiempo se supone que, pese a todo, la cantidad de dinero metálico en circulación aumenta o disminuye proporcionalmente a la masa dineraria existente en el país, resultará en efecto “evidente” que lo supuesto es justamente lo que se trataba de demostrar.

Por cierto que Mili incurre en el mismo error de Hume al poner en circulación valores de uso y no mercancías con un determinado valor de cambio, por lo que su tesis resulta falsa aun admitiendo todos sus “supuestos”.

La velocidad de circulación puede permanecer invariable, lo mismo que el valor de los metales nobles y la cantidad de mercancías en circulación, y sin embargo, al modificarse el valor de cambio de las mercancías, para ponerlas en circulación podrá requerirse una cantidad mayor o menor de dinero.

La categoría “volumen máximo de producción”, que está en la base de la moderna teoría monetarista, se halla ligada con una interpretación análoga de los valores de uso que entran en circulación, mientras que, según esa misma concepción, los valores de cambio, más que entrar en la circulación, derivan de ella.

La cuestión de qué es lo que entra en circulación, si los valores de uso o los valores de cambio, tiene una importancia capital en la crítica marxista de la teoría monetaria cuantitativa, ya que los partidarios de la misma sólo examinan un aspecto del dinero: su papel en la circulación, su función como medio de circulación. Para Marx, el análisis de la relación existente entre el precio de la mercancía y el dinero requiere que se tenga en cuenta el papel íntegro de éste y, en particular, su función de medida del valor y su función de “dinero propiamente dicho”.

Para la función del dinero como medida del valor, decía Marx, en la que el dinero sirve tan sólo como dinero de cuenta y el oro tan sólo como oro ideal, el material natural del dinero tiene una importancia decisiva. Por el contrario, en la función del dinero como medio de circulación, en la que el dinero no sólo aparece representado sino que debe estar presente como una cosa real, al lado de otras mercancías, el material del dinero pasa a ser indiferente y todo depende de su cantidad.

La función de “dinero propiamente dicho” significa por consiguiente que el dinero es una materialización de valor, susceptible de ser retirado de la circulación y permanecer inmóvil. Por eso, dice Marx, el error de la Economía Política clásica es que “opone el aspecto específico de dinero como medio de circulación a su aspecto específico como dinero”.

La teoría de Marx del dinero como “dinero propiamente dicho”, unida a su teoría de los elementos determinantes del valor de cambio lleva a conclusiones diametralmente opuestas a las de la teoría monetaria cuantitativa. No es la cantidad de dinero en circulación la que determina el valor de cambio de las mercancías sino éste el que determina aquélla. En consecuencia, incluso si se acepta el supuesto de los defensores de la teoría cuantitativa clásica de que la velocidad de circulación del dinero es constante, resulta, según dice Marx, que “los precios no son altos o bajos porque se encuentre en circulación una cantidad mayor o menor de dinero, sino, al contrario, en circulación hay más o menos dinero porque los precios son altos o bajos”.

Esta “ley de la circulación” sólo puede actuar porque el dinero es retirado de la circulación o incorporado a ella en las cantidades necesarias para lograr el equilibrio requerido por los valores de cambio. Ambos procesos son posibles únicamente porque el dinero actúa como “dinero propiamente dicho” más bien que como simple medio de circulación. El dinero puede permanecer inmóvil como valor materializado independiente, situado al margen de la circulación, por cierto que una idea análoga fue desarrollada por Keynes en su teoría de la preferencia de la liquidez, aunque, en su conjunto, la teoría keynesiana no es una teoría marxista.

La cantidad de dinero que se necesita en circulación no viene determinada simplemente por el valor de cambio de las mercancías, sino por el valor de cambio de éstas con relación al valor de cambio del dinero. Cuando el dinero actúa en calidad de mercancía por ejemplo, el oro, las condiciones de producción de este metal determinan su valor. Justamente el hecho de que el oro sea una mercancía que se produce es la que le permite ser medida del valor de otras mercancías. Así pues, Marx, al tomar en consideración las funciones del dinero como medida del valor y como “dinero propiamente dicho” analiza las leyes del movimiento del dinero en tanto que medio de circulación. Su valor en relación con otros valores influye en la cantidad de dinero necesaria para la circulación, y el papel del dinero como “dinero propiamente dicho” permite retirarlo de la circulación o incorporarlo a ella en dependencia de dicha necesidad. Por consiguiente, el aumento del valor de otras mercancías, permaneciendo constante el ¡del dinero, originará, en igualdad de las demás circunstancias, un aumento de la cantidad de dinero en circulación, conclusión diametralmente opuesta a las relaciones de causa a efecto postuladas por la teoría monetaria cuantitativa.

Marx no se limitó a estudiar las leyes de la circulación del oro, sino que mostró también cómo se modificaron cuando se puso en circulación el papel moneda no convertible, mientras el oro seguía desempeñado parcialmente funciones de dinero. Las condiciones de la circulación se modificaron, pero para su estudio se aplicó el misino método, que tanto se distingue del usado por los adeptos de la teoría cuantitativa clásica.

Como es lógico, Marx no se ocupó de las leyes de la circulación inherentes al sistema monetario del capitalismo monopolista de Estado y que surgen con él. En circulación se encuentran aquí tanto el papel moneda no convertible en oro como el dinero de crédito, que comprende en términos generales los medios de pago oficiales emitidos por el Estado, así como los depósitos y efectos bancarios. El estudio ulterior de las leyes de circulación en estas condiciones es una tarea que se plantea a los economistas marxistas, llamados a ofrecer una crítica de los más recientes intentos de los monetaristas de aplicar la teoría cuantitativa.

En la teoría de Marx del dinero hay un rasgo que la distingue de la teoría monetarista y, a la vez, sirve de base para el estudio de las leyes modernas de la circulación.

Es que Marx examina la evolución de las distintas formas de dinero en el plano histórico. Su análisis muestra el desarrollo desde el dinero mercancía hasta las monedas, para llegar después al papel moneda y el dinero de crédito. Sobre esta base explicativa de las últimas formas de desarrollo del dinero se puede asentar el análisis de las actuales leyes de su circulación.

El enfoque marxista está en agudo contraste con las ideas monetaristas, que no tienen en cuenta el desarrollo y la significación de las nuevas formas de dinero.

Como vemos, la teoría de Marx del dinero se opone de raíz a la teoría cuantitativa. Al propio tiempo, su teoría de la acumulación constituye una refutación de la otra tesis monetarista de que la competencia de mercado con precios flexibles produce un equilibrio general, en el que la utilización de recursos es la óptima y el empleo alcanza cierto nivel máximo deseado.

La acumulación capitalista genera tendencias contradictorias, ante todo la tendencia a la reducción de la tasa de ganancia, que hacen inevitable la sucesión de las crisis económicas, los booms y las recesiones. La acción de la ley general de la acumulación produce un fluctuante ejército de reserva del trabajo y, a su vez, depende de él. La función del ejército de reserva del trabajo es no sólo contener el crecimiento de los salarios y del valor de la fuerza de trabajo sino también asegurar una reserva de mano de obra que puede ser utilizada por el capital para su expansión cuando se reanudan las posibilidades de acumulación. Según la teoría de Marx, en contraste con la monetarista, la existencia del ejército de reserva del trabajo es una de las condiciones básicas de la acumulación capitalista.

Las conclusiones sobre la acumulación acompañada de crisis inevitables y sobre el ejército de reserva del trabajo son ejemplos específicos de la visión más general de Marx en lo que respecta a las contradicciones del capitalismo. Entre ellas, la más importante, la que está en la base de la economía, a la que impulsa hacia adelante, es la contradicción antagónica entre el trabajo y el capital. El verdadero proceso de acumulación se asienta, además, en la competencia capitalista.

Para Marx, este proceso dialéctico se halla ligado necesariamente a las crisis y a los trastornos temporales, conclusión que se encuentra en oposición directa con la idea monetarista de que la competencia en condiciones de mercado libre y precios flexibles conduce a un equilibrio armónico.

El monetarismo se consagra directamente a las cuestiones económicas, pero va asociado a la ofensiva política e ideológica desplegada por los sectores más reaccionarios de la burguesía. En Gran Bretaña se hallaba en boga el término “thatcherismo”, que expresaba el aspecto político de la cuestión mejor que el término “monetarismo”, centrado en el aspecto económico.

El objetivo económico principal de la política de la burguesía es quebrantar la fuerza de la clase obrera organizada, la fuerza de los sindicatos. Lo que caracterizaba al keynesianismo eran las medidas de tipo corporativista, que ataban más estrechamente los sindicatos al aparato del Estado, dándoles así una apariencia de mayor poder. A la vez, los keynesianos socavaban la combatividad de los sindicatos “al atraer” los a la colaboración con el Estado y al establecer restricciones gubernamentales a la elevación de los salarios, política de rentas.

En pos de los mismos objetivos va el monetarismo, aunque por otro camino, que, a partir de 1979, resultó ser beneficioso para la burguesía. Las orientaciones del monetarismo de “hacer retroceder al Estado” y conceder mayor libertad a las fuerzas de la competencia de mercado han conducido al Gobierno Thatcher a una renuncia formal al control del Estado sobre los salarios de los trabajadores de las corporaciones privadas, política de rentas. Pero en la práctica estableció controles muy rígidos sobre los salarios de gran parte de los trabajadores del sector público. El abandono de la política de rentas no habría de ir acompañado, sin embargo, de un aumento de la fuerza de los sindicatos. La fe del Gobierno en la eficacia de la libre competencia de mercado y su apoyo al laissez, faire fueron aprovechadas para justificar leyes restrictivas del derecho de huelga de los sindicatos v quebrantadoras de su fuerza organizada. Se ataca a los sindicatos con el pretexto de que constituyen un obstáculo monopólico a la competencia.

El derecho individual del trabajador del ejercito de reserva del trabajo a actuar contra los ocupados ofreciendo su fuerza de trabajo a más bajo precio es la forma de competencia de mercado que los monetaristas tratan de estimular con su ofensiva contra las organizaciones sindicales. Las proporciones de la crisis económica y la magnitud del ejército de reserva del trabajo imprimen un gran impulso adicional a la lucha de estas fuerzas competidoras.

El ataque del monetarismo contra los sindicatos ha sido emprendido en beneficio de todo el capital, pero el afán del Gobierno Thatcher de abrir de par en par las puertas de la economía nacional a la acción integral de la competencia internacional tuvo también efectos específicos.

Favorece más al capital internacional más al capital financiero que al capital industrial del país.

El monetarismo ha implicado en gran medida el abandono por el Gobierno de las operaciones destinadas a fijar el tipo de cambio y su renuncia en general a subsidiar o apoyar a las empresas no competitivas, pese a que los Gobiernos conservadores y el laborista que le precedió habían reducido hasta tal punto la tasa impositiva para las corporaciones que la mayoría de ellas no paga nada. Todo esto ha ocurrido en una época en la que, como consecuencia del desarrollo desigual de la economía capitalista mundial, se producen grandes cambios en la división internacional del trabajo. Los centros punteros en las distintas ramas industriales se han trasladado de un país capitalista a otro o de países capitalistas industrializados a países que se encuentran en vías de desarrollo industrial. Este traslado, con la crisis económica por fondo, genera una competencia particularmente enconada que lleva a la decadencia de importantes sectores industriales en países como Gran Bretaña.

Y el fomento del laissez, faire significa que el monetarismo acentúa el carácter caótico y anárquico de esta declinación.

Pero la intensificación de la competencia internacional, estimulada por el monetarismo, favorece a las corporaciones transnacionales y al capital financiero. En primer lugar, sus beneficios se generan en todo el mundo, y si la nueva división internacional del trabajo es una reorganización necesaria del capitalismo para asegurar beneficios duraderos, estos sectores del capital resultan beneficiados y no perjudicados con el1 debilitamiento del capital industrial en Gran Bretaña en cualquier otro país. En segundo lugar, la promoción del laissez faire ha tenido por consecuencia la abolición en 1979 de todo control sobre la exportación de capital de Gran Bretaña.

Así pues, el capital financiero y las corporaciones transnacionales resultaron beneficiados por esta mayor libertad para obtener y conceder créditos y para hacer inversiones a escala internacional.

El influjo político e ideológico del monetarismo está relacionado con su impacto en la economía, con sus intentos de conseguir un giro radical hacia la economía de mercado en el contexto de una nueva división internacional del trabajo. Los marxistas británicos ven en él una tentativa de modificar en forma decisiva las relaciones de clase en el país. No se trata simplemente de una ofensiva contra la clase obrera, de modificar la correlación de fuerzas entre las clases ya configuradas; se trata de un intento de introducir cambios en la naturaleza misma de las clases explotadas. Lo más importante en este caso es el deseo de inculcar, en lugar de la solidaridad de clase, una ética individualista, la tendencia a confiar únicamente en las propias fuerzas, en la responsabilidad y la competitividad individuales. Es un intento de minar la fidelidad de la clase obrera a los sindicatos, la fe de la clase obrera en la capacidad del Estado para defender los puestos de trabajo y asegurar las prestaciones sociales, como la sanidad, la asistencia a los ancianos y la enseñanza. El monetarismo, o “thatcherismo”, es un intento de romper la cohesión de la clase obrera e inculcar a ésta la mentalidad de las capas medias.

La formación de una nueva derecha asentada en estas capas medias tiene por finalidad establecer una nueva hegemonía sobre la clase obrera y conseguir una fuente estable de apoyo a la libertad de acción del capital internacional.

El monetarismo es, manifiestamente, un nuevo fenómeno en el marco del capitalismo monopolista de Estado, fenómeno que nos plantea una serie de problemas relacionados con el sucesivo esclarecimiento de esta fase del desarrollo capitalista.

El capitalismo monopolista de Estado se caracteriza por un reforzamiento de la intervención del Estado en la economía para promover los intereses del capital monopolista. Se suponía que, en esta fase, la intervención del Estado sería muy vasta, aseguraría mediante programas sociales la reproducción de la fuerza de trabajo, proporcionaría créditos y recursos financieros y trataría de estabilizar los mercados con el concurso de los métodos keynesianos El monetarismo, en cambio, aparece como un serio “intento de reducir sensiblemente la intervención del Estado en la actividad económica. Los programas sociales son recortados y puestos sobre una base comercial se suprime la financiación de la industria por el Estado y se pone fin al control sobre el crédito bancario; la inestabilidad del mercado se hace patente con toda nitidez.

El análisis marxista evidencia que no hay nada de eso. El monetarismo no es más que una tendencia particular del desarrollo que se manifiesta dentro del capitalismo monopolista de Estado. Es, ante todo, una política económica que beneficia a las grandes organizaciones monopolistas del capital internacional y del capital financiero aliado a ellas. En tal sentido no se distingue del rumbo político que caracteriza habitualmente a esta fase del capitalismo. En segundo lugar, no conduce al debilitamiento del Estado, aunque sus ideólogos digan que se oponen a una fuerte intervención del Estado en la economía. En realidad su designio político es acrecentar el poder del Estado capitalista. La hegemonía de las ideas individualista v de una ideología pequeñoburguesa derechista debería, tal es el propósito de los autores del monetarismo, debilitar la solidaridad de clase y las organizaciones de clase que desafían el poder del capital. Las consecuencias de esta política se manifestaron en Gran Bretaña por una intensificación de las tendencias militaristas durante la guerra de 1982 contra la Argentina y el reforzamiento de otros aspectos del rumbo reaccionario del Gobierno. Y aunque los monetaristas se manifiestan de palabra en favor de la reducción del gasto público, las sumas destinadas al mantenimiento del ejército y la policía experimentaron con el Gobierno Thatcher espectaculares aumentos.

Por lo tanto, con la política monetarista, el Estado se refuerza en el aspecto político, y su poder económico se acrecienta, sin duda alguna. La Intervención positiva en la economía, asumida por el Estado cuando dominaba el keynesianismo, ha sido recortada, pero su intervención negativa ha tomado nuevos vuelos con la política monetarista. En particular, el Estado ha utilizado las leyes anti obreras y el creciente desempleo, por él mismo propiciado, para minar la fuerza de los sindicatos en la producción y en las negociaciones sobre salarios. La intervención del Estado en la economía ha sido asentada sobre una base más centralizada y, por lo tanto, más fuerte, imponiendo rigurosos controles presupuestarios en todas las instituciones del Estado. Los distintos sectores del aparato estatal, los departamentos centrales del Gobierno, las industrias nacionalizadas, las autoridades locales y otros organismos habían venido gozando de cierta independencia en sus planes de gastos y financiamiento. Esta independencia se fue reduciendo cada vez más después de que, a mediados de los años 70, se establecieran normas financieras más rígidas, y quedó totalmente suprimida con la política monetarista del Gobierno Thatcher. En la actualidad, la actividad económica de todos los sectores del Estado se encuentra sometida a un efectivo control centralizado. Y puesto que la suma total de los gastos financiados por el Estado ha llegado a ser igual a la mitad del producto interior bruto, el poder económico del Gobierno ha quedado considerablemente reforzado.

El monetarismo nunca pudo ofrecer garantías de que sería más beneficioso que el keynesianismo para el capital. Este corre con el monetarismo grandes riesgos, pues la supresión de la intervención positiva del Estado en la economía implica un aumento de la inestabilidad. En el plano prospectivo, es probable que la clase gobernante retorne a alguna de las formas iniciales de keynesianismo. La teoría marxista señala claramente que el keynesianismo y el monetarismo no son simplemente dos líneas en competencia, de las cuales el capital puede escoger la que se le antoje. Son el resultado de la acción de fuerzas objetivas y de condiciones materiales. La fuerza del keynesianismo reside para la burguesía en el hecho objetivo de que el Estado desempeña un gran papel en la economía capitalista contemporánea y en que incluso los intentos de los monetaristas de reducir la intervención positiva del Estado no harán disminuir en medida significativa la proporción de los gastos y la producción controlados por el Estado. No obstante, una serie de factores objetivos han inducido a determinados sectores capitalistas a apoyar el monetarismo.

Aunque los gastos asumidos por el Estado en la época del keynesianismo beneficiaron al capital, se trata de gastos improductivos. Y si bien contribuyen indirectamente a la producción de plusvalía, ellos mismos no la producen, por lo que, a fin de cuentas, tales gastos deben ser financiados a expensas de los impuestos y los empréstitos, lo que supone un drenaje de la plusvalía disponible para la acumulación privada. Por eso, la actitud del capital ante la política keynesiana ha sido siempre ambigua, y cuando a mediados de la década del 70 se redujeron extraordinariamente los beneficios de la industria, las condiciones ya estaban maduras para que el capital comenzara a inclinarse en favor de los intentos monetaristas de evitar este drenaje de beneficios. El monetarismo irá perdiendo el apoyo del capital en el caso de que resulte posible volver a la intervención del Estado en la economía, en consonancia con los lineamientos keynesianos, sin que ello suponga un grave daño para los beneficios.

Seguimos pensando en la necesidad por parte de la militancia de leer y estudiar, de suponer cosa difícil en estos tiempos. Por eso nuestra insistencia, por lo menos intentando aportar algo aunque sea mínimo al respecto.

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