IBERO GUTIERREZ: INFORME SOBRE EL ASESINATO

IBERO-45-ANIVERSARIO.pngDurante siete días, cronistas de CUESTION interrogaron a familiares de Ibero Gutiérrez González, rastrearon datos e informaciones sobre las actividades del Escuadrón de la Muerte, consultaron a abogados e investigadores policiales.

Esa indagación permitió detectar algunos elementos aún no difundidos sobre el asesinato de Ibero y sobre las actividades de ciertos grupos para-policiales. En ese capítulo se incluyen revelaciones claves, algunas de las cuales puede resultar de capital importancia para el total esclarecimiento de los asesinatos cometidos por el Escuadrón. Este es el texto del informe elaborado por los cronistas de CUESTION.

Cuando Ibero Gutiérrez González regresó de Europa, luego de dos meses de permanencia en Francia y España, envió a un sacerdote amigo de su padre, en cuyo domicilio madrileño se había hospedado, una carta en la cual le solicitaba le enviara unos libros que había dejado allá. La carta llegó abierta a manos del religioso y su domicilio y su parroquia fueron allanados. A duras penas el propio sacerdote evitó una temporada en la cárcel. También en París, la casa amiga donde Ibero permaneció unos días, fue prolijamente allanada por la policía. Eso sucedió en 1968. Ibero tenía entonces 18 años. No había, en aquel momento, justificaciones aparentes para esos episodios. Un premio en el concurso de Radio Habana y una breve estadía en Cuba eran los únicos extremos que podían explicar; después, un diario norteamericano publica una gran fotografía de Ibero, como ilustración de aquellos hechos. Poco tiempo de una nota en la que se le sindica como “jefe tupamaro”.

¿Quién proporcionó esa fotografía al diario yanqui? ¿De dónde surgieron los datos personales que se incluyen en la nota? ¿Cómo explicar la absurda acusación que se hace allí contra Ibero, y presentándole, nada menos que como “jefe tupamaro”?

Sus familiares, su compañera, sus amigos se plantean hoy insistentemente esas preguntas. Y muchas otras. Por ejemplo: ¿por qué la insistente persecución desatada contra Ibero durante estos últimos cuatro años? ¿Por qué las mentiras, las mistificaciones, las ambigüedades tendientes a construirle una imagen de sedicioso, que se complementa a la perfección con la intención que refleja el cartel que apareció sobre su cadáver, el lunes 28: “Vos también pediste perdón. Bala por bala. Muerte por muerte. C.C.T..” (Comando Caza Tupamaros)?

Quizás Ibero fue una víctima prefabricada. El 7 de setiembre de 1971 su nombre apareció en una lista publicada por “El País”, donde se le sindicó, también, como sedicioso. Pero Ibero sólo había estado 90 días detenido, sin pruebas y había sido excarcelado por la Fiscal del Crimen, doctora Gonella, que no encontró méritos para acusarlo. Y se sabe que ni un sedicioso está solo 90 días en la cárcel si es culpable de “asociación para delinquir” ni la doctora Gonella es una fiscal blanda, despojada de prejuicios políticos e ideológicos. Por supuesto, Ibero y sus abogados probaron fehacientemente que no tenía vinculación alguna con el delito de que se le acusaba (atentado contra la quinta presidencial) y que el día del hecho Ibero estaba en su casa. Tenían testigos calificados para probarlo. Y lo probaron. Y de inmediato Ibero fue excarcelado por la Fiscal, cuyo dictamen refleja en el caso la opinión del propio Poder Ejecutivo. Y en las circunstancias en que se registró la excarcelación correspondió a un sobreseimiento.

Pero hubo más. Mucho más. Cada vez que se produjo un hecho espectacular (asalto al BFI, secuestros) Ibero fue buscado, indagado por la policía. En cada oportunidad Ibero se presentó y probó que nada tenía que ver con esos hechos, con testigos y testimonios calificados. Nunca la policía encontró en esas oportunidades indicios de ninguna clase para que fuera procesado.

No obstante, como tantos otros ciudadanos inocentes durmió algunas noches en Jefatura “mientras se averiguaba”, fue recluído en un cuartel. “Ibero no consideraba deshonroso ser «tupamaro»”, recuerdan hoy sus familiares “pero nunca nadie probó que lo fuese”. Incluso, cuando fue excarcelado, no fue como los “sediciosos”, enviado a una dependencia militar. Pero Ibero, militante estudiantil y del Frente Amplio, ubicado políticamente en el Movimiento de Independientes 26 de Marzo, era perseguido. ¿Por qué, por quiénes? La casa de sus padres fue allanada, incluso estando la familia en el interior, veraneando: la persecución se extendía a la familia. Y hasta la semana pasada, ese extremo adquirió niveles de ensañamiento. Se dijo que estaba vinculado a grupos sediciosos, y hasta la doctora Gonella ya había dicho que no. Se habló de que su domicilio era “desconocido”, y cuando se casó con Olga, Ibero dio, como correspondía, su dirección a las autoridades competentes y allí vivía.

Se afirmó que había estado varias veces recluido y ya sabemos cómo es esa historia. No se dijo, por supuesto, que había sido excarcelado por falta de méritos para acusarlo, que no había indicio alguno que lo vinculara a los comandos revolucionarios.

El propio Ibero contó a sus amigos: “Cuando me interrogaba el juez un funcionario entró al despacho y le dijo que alguien quería hablarle. ¿Quién es?, preguntó el juez. «El comisario Otero», respondió el funcionario. Y el juez salió y habló con Otero”. Y después volvió y, aun careciendo de pruebas como la propia fiscal luego lo admitió, mandó a Ibero a Punta Carretas. Otra vez, la inquietante pregunta de siempre: ¿Quién, desde dónde, desde cuándo, por qué, dirigía la persecución contra Ibero? ¿Quién tiene el brazo tan largo como para llegar a Madrid, a París, a los Estados Unidos? ¿Qué habló el comisario Otero aquel día con el juez?.
El martes 29 los matutinos alcanzaron la primer respuesta: había aparecido el cadáver de Ibero Gutiérrez González, en un lugar apartado, con 13 balazos en el cuerpo, asesinado por el Comando Caza Tupamaros, una de las tantas caras del Escuadrón de la Muerte.

SUS ULTIMOS PASOS

Cuenta el padre de Ibero: “El domingo 27 almorzó en mi casa, con la familia. Luego Olga, su esposa, fue a casa de una compañera a estudiar. En mi auto yo llevé a Ibero hasta su departamento. Eran las 3 de la tarde, aproximadamente. Lo dejé en la esquina, a poca distancia de su casa, con el brazo levantado, saludándome. Esa es la última imagen que tengo de él”.

Dice Olga, su compañera: “Quedamos en encontrarnos a las diez y media u once de la noche.

El iba a pasar a buscarme por la casa de una compañera, donde yo estaba estudiando. No vino y eso nos sorprendió, porque Ibero era puntual. Así que cerca de medianoche estábamos muy nerviosas, porque no aparecía. Con unos familiares fui hasta nuestro apartamento y allí todo estaba en orden. Ibero no estaba. El lunes en la mañana, temprano, fui con el padre de Ibero a la Jefatura. Allí dijeron que no sabían nada de él. Seguimos investigando hasta cerca de las 7 de la tarde, sin resultado. Fue cuando nos informaron que había aparecido su cadáver”.

Según el parte policial el cuerpo fue encontrado cerca de las 12 del lunes. De acuerdo al informe forense, Ibero murió entre la medianoche del domingo y las 3 de la madrugada del lunes. Eso es todo. No hay más datos. El Escuadrón de la Muerte sabe cubrir sus pasos.

EL INFORME DEL FORENSE 

El cadáver de Ibero Gutiérrez presentaba las siguientes heridas: esquimosis y hematosis en cara anterior y posterior del tórax. Algunas alargadas, provocadas por objetos contundentes; otras redondeadas, como si hubieran sido provocadas por patadas. Algunos de esos golpes provocaron fracturas de costillas.

* 2 orificios de bala transfixiantes de brazo derecho. Uno de ellos 
fracturó el húmero.

* 1 herida de bala transfixiante de dedo de mano izquierda, con 
fractura de falange.

* 1 herida de bala transfixiante de brazo izquierdo.

* 1 herida de bala transfixiante en región occipito-parietal derecha, 
transfixiante de cerebro. Este proyectil se extrajo debajo de la piel 
de la región frontal, lado derecho.

* 2 heridas de bala, preauriculares, derechas.

* 1 herida de bala en región carotidea izquierda. El proyectil fracturó 
el maxilar inferior.

 * 1 herida de bala supraclavicular izquierda.

* 2 heridas de bala en la cara posterior del tórax, una derecha y otra 
izquierda.
* 2 heridas en cara anterior de tórax.

No hay más detalles de heridas en el parte forense. En total 13 balazos, todos de calibre 38, disparados por varios revólveres, según se estableció en los peritajes. Por lo menos tres revólveres.
Además, en el pecho de Ibero Gutiérrez aparecieron dos marcas paralelas, largas, finas, aparentemente provocadas por sogas. ¿Permaneció atado (a una silla, probablemente por la ausencia de marcas en la espalda) hasta instantes previos a su asesinato y se hizo las marcas al intentar liberarse de las ataduras? ¿Fué acribillado atado y de ahí los balazos en los brazos, que levantó en un gesto instintivo? Como se verá más adelante algunos extremos de esas hipótesis pueden servir para rastrear alguna pista que conduzca a los autores materiales del asesinato.

LAS PISTAS

El Escuadrón de la Muerte (o cualquiera de sus sellos colaterales) no deja pistas, habitualmente. Si las deja, tienen una característica singular: cuando se inicia la indagación policial, se desvanecen, se diluyen, terminan por evaporarse.

No obstante, en este caso hay posibilidades de encontrar alguna, según aseguran veteranos investigadores policiales. Veamos.

1) El cuerpo apareció debajo de un árbol, a unos quince metros de la intersección de Camino de Las Tropas y Camino Melilla. Es una zona relativamente despoblada. El lugar exacto donde apareció el cuerpo está alejado de casas. No hay vecinos en las proximidades. No obstante, los hay en un radio de unos 350 metros y precisamente por tratarse de una zona apartada, cuyos moradores están habituados al silencio nocturno de la zona, cualquier ruido (detonaciones, motores, gritos) es audible a muchos metros de distancia y fácilmente detectable por los moradores más cercanos. Según el parte técnico la muerte de Ibero se produjo entre las 24 y las 3 de la madrugada. Según todos los indicios no fue asesinado en el lugar que apareció el cadáver, sino que fue llevado allí ya muerto. Sea como sea, los asesinos estuvieron en Camino de Las Tropas y Camino Melilla entre las 24 del domingo y las 3 de la madrugada del lunes, si mataron allí a Ibero, o entre las 24 del domingo y las 12 del lunes, cuando, según el parte policial, fue descubierto el cadáver gracias a un “aviso anónimo”. Esas, por supuesto, son las horas topes y los plazos pueden, aún, ser mayores. De todas formas queda claro que la presencia de extraños, de automóviles y quizás los ruidos de detonaciones muy posiblemente no hayan pasado inadvertidos a los vecinos del lugar, ya que, eventualmente, los asesinos estuvieron en el lugar, recorriendo caminos y carreteras, entre la medianoche del domingo y el mediodía del lunes. Un lapso demasiado extenso como para que hayan pasado inadvertidos por todos en todo momento. ¿Nadie escuchó voces, nadie vió automóviles, nadie observó -a la luz de la luna o del sol- el rostro de ningún extraño en las proximidades, nadie oyó gritos o detonaciones? 
Quizás la policía no pueda contestar esas preguntas: no ha investigado por ese lado.

2) Ciertos detalles de las heridas permiten profundizar algunas pistas. Todas fueron ocasionadas por armas de calibre 38, que utiliza, como se sabe, la policía. Por lo que se sabe, fueron varias (por lo menos tres) las armas que se vaciaron en el cuerpo de Ibero. Un examen balístico realizado en base al hecho de que las estrías dejan marcas diferentes, podría ayudar a limitar el número de posibilidades para conocer más detalles sobre las armas usadas. No hay indicios de que ese examen se haya realizado.

3) El ángulo desde el que fueron disparados los balazos sobre un Ibero aparentemente atado a una silla, puede -otras veces, muchas, ha servido para ello- proporcionar datos sobre la altura y otras características físicas de los o alguno de los asesinos. Del mismo modo, un estudio dactiloscópico a fondo del cartel que colgaba del cuello de Ibero, podría ayudar también en la investigación, como siempre ha ayudado en casos similares. Pero ninguno de los dos extremos han sido tenidos en cuenta por la policía.

4) Huellas digitales, altura aproximada de los asesinos, descripción de algunos o alguno de ellos proporcionadas por vecinos del lugar donde apareció el cadáver, datos sobre automóviles y presencia de extraños en el lugar, detalle sobre frases intercambiadas entre los asesinos cuando mataron o dejaron a Ibero en Camino de Las Tropas y Camino Melilla, son posibilidades de pistas, que para concretarse o no dependen de la diligencia con que a ese nivel se investigue. Otros hechos policiales (cientos, miles de ellos según opinan los expertos encuestados por CUESTION) se han aclarado en base a posibilidades de pistas exactamente iguales a las de este caso, indagadas a fondo. Pero en el caso de Ibero nada se investiga a fondo.

LOS TESTIMONIOS

Antes que nada, Ibero era un militante. Un hombre comprometido con su tiempo y con su padre. También, un artista. Un creador. Un creador cuyo talento se reflejaba en sus pinturas (consideradas excelentes por los expertos), en sus poemas, en sus fotografías. Además, un compañero, un amigo entrañable de su padre, su madre, su hermana, su compañera, y de los jóvenes y adultos cercanos a su militancia política y estudiantil. A ese nivel CUESTION auscultó opiniones. Las respuestas trazan una semblanza objetiva de Ibero.

-De su padre: “Ibero y yo dialogábamos mucho. De nuestras afinidades, de nuestras discrepancias. El era un hombre inteligente, un creador, sobre todo un creador. Quizá en algunos aspectos pensaba que yo conservaba aún las limitaciones propias de mi generación, que vivió ciega a muchas cosas. Y probablemente tenía razón, pienso ahora. De todos modos nuestras charlas, en las que afloraban nuestras coincidencias y nuestras diferencias, nos sirvió de mucho a los dos. Sí. A ambos, estoy seguro de ello. Hay una fotografía (señala una ampliación de la publicada en los diarios) que define a Ibero tal cual era. Maduro, tremendamente maduro, siendo un niño. Vea su mirada, fíjese en la seriedad y la pureza infantil que refleja su mirada. Sí. Así era Ibero. Así hasta el último día. Hasta el mismo domingo, cuando me dejó su última imagen; su brazo en alto, saludándome”.

-De su compañera: “Nos queríamos, sabíamos que nuestra pareja era importante, pero que no tenía sentido, que perdía todo sentido si no se extendía a los demás, si no existía en relación a la causa de liberación de nuestro pueblo. Así vivíamos queriéndonos, entre la militancia y las luchas estudiantiles y las tareas políticas. Ibero era un hombre, un militante, un luchador. No quería aislarse, meterse solo dentro de sus cosas, separarse de los demás, lo que comprendía que era bueno para los otros. Y esa fue, siempre, su lucha”.

-De sus compañeros de facultad y de militancia: “Ibero era inteligente, prudente, sensible a toda injusticia, fuera ejercida contra quien fuera” (Alvaro). 

“Yo lo conocí mucho, Un día nos dijo: «Tenemos poco tiempo. Hay que vivir de apuro. Hay tareas que no pueden esperar» Y esas tareas eran, para él y para todos nosotros, las de la militancia por la causa de la liberación” (Jorge).

“Sí, yo fui compañero de facultad de Ibero y le puedo asegurar que a muchos de nosotros nos anima un estímulo: el de ayudar a encontrar a los responsables, a los asesinos”. (Miguel).

LA INVESTIGACION.

Cuarenta y ocho horas después del asesinato de Ibero, el Frente Amplio solicitó en el parlamento una investigación sobre el Escuadrón de la Muerte. Existen ya, particularmente a nivel judicial, elementos de sobra para encausar esa indagación, además de los datos que reúna por sí el parlamento, si prospera el planteo del Frente Amplio. Aunque quizá ese no sea el único camino existente para desbaratar a las bandas parapoliciales, la intervención parlamentaria puede contribuir decisivamente con ese propósito. Ya hay demasiados muertos como para seguir esperando. 

Publicado en revista Cuestión del 16 de marzo de 1972
Año II, Nº 16

 

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